No mires al frente.
Sólo mira abajo.
No mires a 1 metro, ni a 2, ni a 50, ni más allá.
Así me digo.
No me queda de otra.
No puedo ver atrás, eso es una ventaja.
No mirar adelante, no poder ir rápido y el dolor que me quema las piernas cuando he subido una pendiente muy inclinada en bici me han ayudado a dejar de pensar.
Sólo existen las brasas en los muslos, la respiración agitada y el sudor.
No puedo analizar, ni anticipar el futuro, ni recordar lo que hubiera hecho diferente.
Eso es lo que me gusta de las subidas, no me dan oportunidad de analizar, ni de tener miedo o remordimiento.
Sólo puedo ver un pedacito de realidad en la que no importa más que ese momento.
Las pendientes hacia arriba en la bici son difíciles, pero me ayudan a ser presente.
Lo mismo me permiten las cuestas hacia arriba de la vida, entre más empinadas, más me dicen:
No mires al frente, atiende este momento.
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Excelente !!! Así debe ser !!! Pero es difícil no mirar hacia el frente ?
Es difícil, pero las emociones o momentos intensos nos dan anteojeras para clavarnos con lo inmediato.
¡Me da gusto saber de ti Ana!
En estos momentos de incertidumbre, es muy valiosa tu entrada para mi.
Gracias, Doc.
Saludos!
Me da gusto que te sea de utilidad Soledad.
Visto en retrospectiva, siempre hay crisis, personales y de contexto, el año pasado: la escasez de gasolina, el anterior: el corte de agua, 2017: el terremoto…
Y seguimos evolucionando.
¡Abrazo grande!
Esto va a pasar.
Llegaran nuevas “crisis” que nos ayudarán a conocernos y reinventarnos.
es verdad a veces difícil mirar al frente pero muy útil en estos momentos difíciles de pandemia e incertidumbre