
La naturaleza es cíclica, se compone de opuestos.
Y nosotros, en tanto que seres orgánicos, también tenemos contrastes.
A eso me refiero con la idea de que está bien no estar “bien”, todo el tiempo.
Estar bien crónicamente sería como el calentamiento global, un extremo distorsionado que terminaría por generar estragos.
Estar triste, cansado, angustiado, enojado… permite explorar la vida desde un filtro diferente para desarrollar empatía y saborear con mayor profundidad lo que se define como bienestar convencional: “ser feliz” o “estar tanquilo”.
La idea de “está bien no estar bien”, puede parecer “dejadez” frente al desamparo emocional.
En realidad es sinceridad con uno mismo, con la intención de trascender bajones que sólo se hunden más por medio del esfuerzo por crear una felicidad sintética.
Rendirse cuando una emoción aprieta el pecho o el estómago, es darle el lugar que está pidiendo ese sentimiento. Escucharlo la apacigua, pero si tratamos de patearlo lejos al forzar un bienestar artificial y hueco, sólo sufriremos más.
Suena contraintuitivo, pero, honrar las emociones incómodas cuando aparecen, afinará nuestra consciencia, por un lado, mientras que por otro les permitirá un desahogo que impedirá su acumulación exponencial.
Con esa descarga que viene a partir de hacerle caso a un sentimiento desagradable cuando aparezca, hacemos una inversión en la acumulación de intereses emocionales que terminan por rebasarnos y dejarnos más vulnerables que con pequeños trámites de tensión que sí nos permitirán un alivio cotidiano con pocas intermitencias.
Así que la próxima vez que te caches peleándote por sentirte mejor en un momento de desánimo, toma un pausa, respira y reconoce que este bache, es parte de un ciclo y que hacer consciente tu malestar y expolorarlo acelerará tu paz.
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Esto es como cuando en automático contestas “bien” cuando te preguntan “¿Cómo estás?” aunque en realidad no estás bien, es una respuesta reflejo.
He experimentado decir “No estoy bien” en voz alta y en voz baja y los resultados son bien diversos dependiendo quien te escuche.
Porque “no estar bien” no significa que “estás mal”…
Gracias por la entrada, Doc.
=)
Y a lo mejor ni estamos “bien” o “mal”, simplemente “estamos”, pero nos gana el impulso de calificar y ponerle juicios a todo lo que experimentamos…
Uno de los principales motivos de sufrimiento (junto con el apego a nuestras expectativas).
¡gracias por tu comentario Soledad!