Haz otra cosa

El siguente es un fragmento de Libera tu Magia de Liz Gilbert:

HAZ OTRA COSA

¿Cómo te quitas de encima la sensación de fracaso y vergüenza para seguir?

 

En primer lugar,  perdónate.

Si has hecho algo y no ha funcionado, déjalo estar.  Recuerda que no eres más que un principiante, incluso si llevas cincuenta años cultivando tu oficio creativo.

Aquí todos somos principiantes y principiantes moriremos.

Así que déjalo estar.  Olvídate de tu último proyecto y sal a buscar el siguiente con una mentalidad abierta.

Cuando era redactora de la revista GQ, mi editor jefe, Art Cooper, leyó un artículo en el que yo llevaba trabajando 5 meses, y una hora más tarde vino a verme con  su respuesta:

“No es bueno y nunca lo será. Resulta que no tienes la capacidad para contar esta historia. No quiero que pierdas un solo minuto más en ella. Por favor, ponte con el encargo siguiente”.

Lo que fue un horror y bastante abrupto pero, ¡también de lo más eficaz!

Obedecí y me puse a lo siguiente.

Lo siguiente,  siempre lo siguiente.

No te pares, sigue adelante.

Hagas lo que hagas. Intenta no recrearte demasiado en tus fracasos.

No hace falta que les hagas la autopsia.

No necesitas saber lo que significa nada.

Admite tu decepción, tómatelo como lo que es y pasa página. Trocea ese fracaso y úsalo de carnada para intentar pescar otro proyecto.

Ocurra lo que ocurra,  mantente ocupado. Siempre tomo prestado este sabio consejo del estudioso británico del siglo XVII Robert Burton sobre cómo sobrevivir a la melancolía:

“No estés solo, no estés ocioso.”

Encuentra algo que hacer,  lo que sea, incluso si es un trabajo creativo de un tipo completamente distinto,  sólo para quitarte de la cabeza y ansiedad y la presión.

 

Una vez que estaba atascada con un libro me apunté a clases de dibujo sólo para abrir otro canal creativo en mi cabeza.

No dibujo muy bien, pero daba igual: lo importante era permanecer en contacto con alguna clase de actividad artística. Estaba sintonizando mis diales, tratando de encontrar inspiración de cualquier modo posible. Con el tiempo, cuando había dibujado bastante, la escritura empezó a fluir de nuevo.

Einstein llamaba a esta táctica: “Juego combinatorio”, el acto de abrir un canal mental interesándose de manera superficial por otro.

Por eso a menudo se ponía a tocar violín cuando le costaba trabajo resolver un problema matemático; después de unas cuantas horas de sonatas, por lo general encontraba la respuesta que necesitaba.

 

Parte del secreto del juego combinatorio, creo, es que apacigua tu ego y tus miedos, rebajando las expectativas.

 

Tuve un amigo que era un jugador de béisbol de talento joven,  pero perdió la sangre fría y empezó a jugar mal.

Así que dejó el béisbol y durante un año se dedicó a jugar al fútbol. No era el mejor futbolista, pero le gustaba, y cuando feacasaba no le afectaba tanto, porque su ego sabía la verdad:

“Oye, nunca he dicho que jugar a esto fuera lo mío”.

 

Lo único que importaba era que estaba haciendo algo físico para volver a encontrarse a gusto con su propia piel, para sacarse a sí mismo de su cabeza y recuperar cierta naturalidad corporal. En cualquier caso, lo pasaba bien.

Después de un año de dar patadas a un balón para divertirse,  volvió al béisbol y comprobó que jugaba de nuevo, mejor y con más naturalidad.

 

En otras palabras: si no puedes hacer lo que te gusta, haz otra cosa.

Saca al perro a pasear, recoge toda la basura que encuentres por la calle, saca otra vez al perro, haz un pastel de durazno, pinta piedritas.

 

Puede parecerte que estás procrastinando pero, si tu propósito es el correcto,  no es así; es movimiento.

Y cualquier movimiento es mejor que la inercia, porque a la inspiración siempre la atrae el movimiento.

Así que mueve los brazos. Fabrica algo. Haz algo. Cualquier cosa.

Despierta tu atención con alguna clase de acción creativa  y sobre todo,  ten confianza en que si logras causar la suficiente conmoción positiva, con el tiempo la inspiración terminará por volver a ti.

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