
Hay momento para sembrar y otro para cosechar. Hay ocasión para moverse y otra para restaurar, de tal modo que el desarrollo sea fluido y sustentable, incluso exponencial.
Pero creo que uno de mis mayores sesgos es no saber parar cuando llevo rato haciendo algo y veo que los resultados no son simetricos con la cantidad de energía invertida.
Sin proponérmelo, me he dado cuenta, que cuando la vida me ha obligado a parar, después de un rato de agobio, encuentro una nueva perspectiva, recursos y energía.
No por miedo a ser débil, sino por falta de referencia, me doy cuenta de que:
No sé rendirme.
No sé fluir.
No sé soltar.
No sé ser presente.
Aún cuando a veces estoy exhausto, y que me encantaría echarme y dejar de hacer, mi cabeza tiende a seguir revolucionada.
Es natural, mis modelos, mis papás, me enseñaron a aferrar, a luchar, aún cuando ese apego generara mermas económicas o de salud…
Es comprensible entonces, que yo tampoco sea hábil para rendirme.
Cuando me quiebro, y mi angustia se detona y me mal viajo al futuro o me aferro a mis recuerdos o a las comparaciones y quisiera rendirme, pero no hallo como dejar expectativas, algo que me funciona es resignarme a que no sé cómo hacerlo.
En ese momento dejo de luchar, cuando acepto mi inercia, y me pongo a ser berrinchudo, dramático y aferrado con consciencia.
Una frase puntual que me orienta hacia el alivio y la pausa es:
ME DOY PERMISO DE RENDIRME A ESTA EXPERIENCIA.
A mi angustia, a mi impotencia, a mi confusión, a mi ignorancia, a mi incongruencia, a mi inconformidad.
Mas que un ejercicio de cinismo, es una intención de dejar de exigirme a ser algo que no siento en ese momento. Es irónico: cuando reduzco mi tiranía, disminuye el estado que trato de anular.
Va a volver a pasar, algo no se alineará con las emociones que me han enseñado que son “buenas”, y entonces sufriré…
Pero me da bastante paz, saber que cuando algo que no me gusta se filtre en mi interior una estrategia para disminuir esa sensación y acelerar su trascendencia viene de acordarme de ser buena onda y “darme permiso de rendirme”.
Después de todo, si yo no me doy permiso, aunque el mundo entero me invite a hacer algo, yo lo viviré como invasión.
Copyright secured by Digiprove © 2022 Arturo Hernández