
El uso inconsciente de la tecnología para hacernos sentir miserables, es más frecuente de lo que imaginamos.
Poner a nuestro mundo interno en su lado más obscuro: inseguridad, miedo, envidia… a competir con escaparates digitales editados, es una constante en este automaltrato.
La comparación es una característica humana para orientarse, y exponerla a redes sociales, publicidad y entretenimiento generará sensación de insuficiencia.
Sin embargo, es posible dirigirnos hacia una sensación de alivio y claridad si, primero, reconocemos que es inevitable que los estímulos nos afecten, y, segundo, somos cuidadosos con qué permitimos que nos influya.
Una pregunta que permite reposicionarnos en momentos vulnerables es:
“¿Cómo miras a alguien a quien admiras?”
Y de ahí saltar a:
“¿Cómo te mira alguien que te admira y te aprecia?”
No es fácil o cómodo apreciarnos en nuestros momentos vulnerables.
Requiere práctica. Y hacer la pregunta previa ejercita un amor propio menos severo y más abierto a valorar nuestros recursos para incentivarlos.
La admiración o envidia que sentimos por alguien cuando divagamos frente a una pantalla, alguien ya la siente o la ha sentido por nosostros en algún momento.
Más que compulsión por validarse frente a la mirada ajena, es integrar nuestros “buenos” y “malos” momentos a partir de la pregunta: ¿cómo me ve alguien que me aprecia?
¿Cómo vería a alguien que tiene mi salud, mi solvencia, mi libertad, mi inteligencia, mis intereses..?
Tenemos más experiencias envidiables de las que somos conscientes en momentos de dolor, y preguntar dirige nuestra atención fuera de las heridas.
¿Cómo sería vernos con los ojos de mamá, papá, un buen amigo, pareja, clientes, o jefe?
Algún prisma encontraremos que ilumine ángulos polvosos que descuidamos y que regalarán inspiración.
Copyright secured by Digiprove © 2022 Arturo Hernández
Simplemente hermoso!
Debemos ponerlo en práctica y se nos olvida.
Muchas gracias!
¡Gracias a ti por comentar Miriam!
¡Me da gusto saber de ti!