Hambre de dirección

Una vez un amigo me compartió que se perdió en el bosque. Le resultó, primero frustrante darse cuenta que andaba en círculos, y después, angustiante sentirse cada vez más desamparado conforme se perdía más.

Él pensaba que todos tenemos momentos así en el bosque de lo cotidiano, momentos en los que nos sentimos como perrito sin dueño, a veces  en crisis que nos quiebran expectativas, otras en momentos grises en los que no hay algo “malo” concreto y, sin embargo, la insatisfacción permea cada vez más profundo en nuestra manera de ver la vida.

Creo que ese sentimiento de desorientación, se amplifica mientras más tratamos de no sentirlo.

No es agradable por la cultura que nos rodea hiperenfocada consecución de metas, sentir que no pisamos suelo firme.

Pero es en esa ausencia de claridad donde habrá más libertad, posibilidad de cambio hacia nuevos niveles de ligereza y descubrimiento de recursos que no imaginábamos tener, además de una restauración de lo que es importante y valioso para nuestras condiciones actuales…

De acuerdo a nuestras experiencias concretas, no según un molde genérico que sugiere el “deber ser”, el “tener que”, la comparación y  la competencia.

En esta sensación de confusión es natural buscar  modelos, manuales, e identidad. Es como vivir una nueva adolescencia; esa hambre de dirección nos hará  más receptivos que cuando nos sentimos seguros y claros.

Las respuestas que necesitamos van a llegar, y creo que se acelera el proceso sí nos rendimos a la incertidumbre y empezamos a escuchar el susurro de esas respuestas en la inconformidad, la angustia, el miedo…

En lugar de luchar, escarbar en eso que no queremos sentir, ahí he visto con sorpresa que empieza a saciarse  el hambre de dirección, de respuestas y de identidad.

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