¿Cuántas cosas hago para no sentirme mal?

¿CUÁNTAS COSAS HE HECHO, COMPRADO, COMIDO POR ANSIEDAD?

O mejor dicho:

¿Cuánto hago por tratar de no sentir ansiedad?

Si soy sincero conmigo, me sorpende darme cuenta que la mayoría de mis decisiones se rigen por un mecanismo de evasión.

Hago o dejo de hacer algo tomando como criterio principal NO SENTIRME MAL.

Lo irónico es que medio disminuyo esa sensación y después brota con más nitidez, lo que me lleva a repetir el movimiento de querer postergar la emoción con más movimiento.

Muchas veces compro por ansiedad y viene después esa ansiedad en forma de remordimiento por haber comprado de forma impulsiva o dejar de ver otra opción que califico de más  conveniente despues de hecha la compra.

También llego a hacer algo, lo que sea, para “sentirme productivo” y acabo sintiéndome estancado o compitiendo o comprándome. Todo en una lucha por sentirme “suficientemente” algo: bueno, capaz, profesional, fuerte… sin acabar de sentir que lo consigo por completo.

O, por no quererme sentir egoísta, asumo compromisos y responsabilidades, sin dimensionar que pueden profundizarse a largo plazo y acabo sintiéndome poco valorado o utilizado o sin saber cómo establecer límites.

En este escenario, un indicador para descubrir si algo que hice fue un movimiento consciente, o una ejecución reactiva para evadir sentirme “mal”, es el regusto que me deja:

si me siento insatisfecho, decepcionado, frustrado, culpable, con dudas de si hice lo correcto, busco validación externa, o me invento una historia rebuscada para justificar algo que hice… es que mi movimiento no fue genuino, sino un intento de evitar sentir algo.

Por el contrario si me siento más ligero con mi decisión o con mi omisión, más libre y satisfecho que antes, esa elección fue un evento más lúcido, una intención coherente.

Creo que una manera de saborear más mis movimientos y disminuir mi decepción después de algo que hago o la búsqueda crónica de una perfección inalcanzable, supone en tener una cita con mi tristeza, con mi angustia, con mi aburrimiento, con mi dolor, con mi vacío, con mi insuficiencia.

Si me “echo un café o una chelita” con esa emoción para escucharla, disminuirá el impulso para hacer algo que termina por volverse una compulsión o un desencanto.

Si le doy su lugar y momento a esos sentimientos para que se expresen en mi interior con disposición, los erosionaré.

A mí  no me encanta ir con la dentista, pero sé que si voy cada 6 meses, disminuyen las posibilidades de que empiecen a sangrarme las encías y en unos años le lleve las ruinas de una boca incapaz de restaurarse.

De la misma forma, programar una reunión con esas sensaciones que rechazo, me permite verlas como experiencias neutras que te tratan de enseñar o decir algo, y descubro que mis emociones se vuelven menos volubles o estridentes.

Tal como si llevara mi vehículo emocional a servicio. Si lo procuro cada determinado tiempo o kilometraje, evitaré quedar parado en medio del tráfico, la carretera o una crisis de vida.

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4 comentarios en “¿Cuántas cosas hago para no sentirme mal?”

  1. Es como cuando siento que he tenido un pésimo día porque nada me salió como quería o porque me fue muy mal en una junta o tuve una fuerte discusión con algún colega e intento sentirme mejor o compensarlo con alguna comida o bebida que me gusta mucho… Es complejo porque busco consuelo en algo físico que si bien no me ayudará a resolver mi problema, creo que me dará un poco de energía (aunque sea falsa) para solucionar o al menos tratar de encontrar una solución a lo que me aqueja…
    Supongo que es un paliativo o un placebo que tomo conscientemente solo para darme un “empujón” a buscar la solución.

    1. Y darte cuenta de que el alimento o bebida concreto es un paliativo de una necesidad emocional y abstracta, por un lado disminuye la eficiencia del placebo, mientras que, por otro, nos orienta a la búsqueda y encuentro de “combustibles” y “materias primas” de mayor calidad para nuestras necesidades internas.

      ¡Un abrazo Soledad!

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