¿Qué personaje quieres ser?

Hace un tiempo me compartieron un ejercicio para abordar con delicadeza experiencias que vivimos con la intención de distanciarnos para empezar a resolverlas.

Dicha actividad considera el uso de personajes para generar consciencia de nuestra posición en la vida y la manera en que interactuamos con otros.

La propuesta consiste en seleccionar personajes como si  armáramos una obra de teatro.

No es muy diferente a lo que hacemos, creamos nuestras historias, nos asignamos un papel, y le asignamos un rol a las circunstancias y personas a nuestro alrededor de una manera que nos resulte funcional (al menos relativamente).

El ejercicio supone en hacer lo que ya ejecutamos, sólo que ahora con consciencia.

Es bastante valiosa la experiencia, si hay algo que sentimos que nos lastima.

Los personajes a considerar son:

“El Villano”: se refiere a la persona o evento que califico de inmediato como “malo”, y al que le adjudico el mayor obstáculo frente a mis objetivos.

Este arquetipo es muy valioso como elemento de referencia y de contraste, además de un punto de reflejo de elementos propios que son inconscientes y que proyectamos en la realidad.

 

“La víctima”: igual de popular que el anterior, se complementan en armonía.

Este personaje supone 2 ganancias secundarias consistentes: atención y certeza. Otro beneficio inconsciente supone desplazar el sentimiento de culpa, de la víctima al villano, aunque termina por regresar a ésta. La lucha verdadera es contra un villano interior, darle referencia en el exterior genera la ilusión de que seré libre cuando el villano cambie o se retire.

 

“El héroe”: tambien ocupa el podio de los disfraces que más  usamos. El héroe o heroína siente que puede con todo y lo demuestra.

Su mayor frustración es sentir que nadie l@ valora por másque hace.

No se da cuenta de que el mismo es la causa de atrofiar la empatía de su entorno al solucionarle la vida.

 

El perdón“: surge como la esperanza de restaurar algo, es natural querer reparar o sanar algo que duele.

Cuando buscamos recibir perdón, estamos asignando a alguien un poder que no tiene para cicatrizar una herida que nos es propia.

 

El saboteador“: cuando nos metemos el pie en nuestra salud, economía o relaciones se manifiesta.

En apariencia es absurdo, pero en realidad es una búsqueda inconsciente de progreso, que sentimos que sólo se logrará a partir de una crisis. Como el que le sigue ambos personajes son una oportunidad extraordinaria para evolucionar.

 

El verdugo“: difícil de asumir, pero muy valioso para eliminar angustia, este arquetipo puede que no sea delicado, pero se manifiesta para concluir ciclos y encontrar claridad.

 

El cuentacuentos“: muy buen vendedor, se inventa historias y las cuenta con mucha emoción, trata de convencerse de su paradigma a partir de intentar convencer a alguien más.

 

El conquistador“: voraz y movido, cree que estará pleno cuando algo suceda en el futuro. Adict@ a los logros, etern@ instaisfech@.

 

Estos personajes, vistos como disfraces que nos ponemos (o ponemos en personas y eventos),  permitirán posicionarnos con más ligereza para tramitar de una forma más práctica circunstancias que por lo general dejan nuestras emociones muy expuestas.

Todos en algún momento nos ponemos una máscara de las mencionadas para tratar de definir quiénes somos, y si lo vemos como una cáscara, nuestra esencia se moverá con más fluidez por la vida.

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