Juicios, expectativas e ideales = infelicidad garantizada

Compararme

 

Es una de las acciones que tienen la mayor frecuencia para hacerme sentir mal.

No es fácil, y probablemente ni siquiera posible, no compararnos, con otros y con nosotros mismos en otros momentos de nuestra vida.

Comparar es una reacción útil: nos permite orientarnos.

Desafortunadamente, coincide con otra reacción natural que tenemos: sobrevivir.

Y como mecanismo de supervivencia básico, nuestro cerebro está predeterminado a sentir inseguridad y ser muy atento a cualquier posibilidad mínima de peligro.

Comparar y ver el vaso medio (o casi) vacío, es nuestro diseño emocional de fábrica. Pelearnos por cambiarlo sólo nos hará sentir más vulnerables.

Reconocerlo, por el contrario, puede ayudarnos a diseñar estrategias en las que la satisfacción, el alivio y la paz, se vuelvan sensaciones más frecuentes de lo que imaginamos.

Una de estas estrategias, valiosa por experiencia propia para sentir ligereza, consiste es estar atento a tres experiencias que me han hecho infeliz la mayor parte de mi vida: JUICIOS, EXPECTATIVAS e IDEALES.

No es tan fácil eliminarlas, pero observarlas y generar consciencia de cuándo surgen y cómo se manifiestan en mi interior las neutraliza.

¿Cómo me doy cuenta de su aparición?

Cuando me siento mal y en mi cabeza surgen 2 palabras: “TENER” o “DEBER”.

Mis expectativas se establecen cuando imagino una consecuencia. Surge desconcierto cuando no se cumple lo que anticipo.

Mis juicios son los parámetros  que me enseñaron para medir algo y calificarlo. Si ese “algo” no entra en lo que mi código cultural-social-familiar considera “bueno”, también me generará desconcierto.

Mis ideales son una referencia elevada (y muchas veces ambigua), de una meta para vivir; cuerpo, salud, nivel económico, desarrollo profesional o intelectual, reconocimiento social, son algunas áreas frecuentes en las que establecemos estándares elevados que aunque se alcanzan, tienden a prolongarse al infinito generando ambición, pero también insatisfacción crónica.

Como con el acto de compararnos, juzgar, tener expectativas y  tender a ideales, nos orienta, pero también nos genera frustración cuando estas tendencias no corresponden con el desempeño de la realidad.

También, como compararnos, abandonar los juicios, las expectativas y los ideales no es tan fácil como arrancar una costra.

Sin embargo, una dinámica que puede disminuir la presión de estas reacciones supone OBSERVARLAS.

Cuando surja un juicio, cuando algo te decepcione, cuando empieces a castigarte por no ser, tener o hacer, lo que “deberías”…

Intentar reprimir esos movimientos sólo incrementará tu malestar. Cuidado.

Cuando surjan esa experiencias, respira y OBSERVA. Mira tus pensamientos, tu diálogo interno, el flujo de imágenes, las reacciones de tu cuerpo.

Si logras distanciarte un poco de tu emoción, disminuirá la frustración, ahí está el acceso para la paz, estar / sentirte bien, la satisfacción  y la felicidad.

No te va ayudar a largo plazo controlarte, sí encontrarás paz al OBSERVARTE.

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