Tu jefe y tu empleado (parte 1)

En nuestro interior existe al menos una dualidad, una agresiva, otra pasiva. Una que crítica, otra que se somete.

La imagen de un jefe y un empleado internos, me parece gráfica, y, aún más elocuente, la de un amo y un esclavo.

Así nos tratamos a veces sin que nadie se entere.

Nos juzgamos, nos prometemos, nos exigimos, nos reclamamos en el silencio de nuestras cabezas. Lo curioso es que no muchas veces nos celebramos.

Somos nuestro amo y nuestro esclavo. Si nos explotamos acabaremos por rebelarnos  con procrastinación o, en el mejor de los casos, hacer las cosas no por gusto, sino para evitar sentir culpa.

Considera que si tu papá o tu jefe alguna vez te prometió  algo y no te cumplió, perdiste confianza y disposición hacia esa figura de autoridad.

Lo mismo ocurre con los premios que nos prometemos y no nos cumplimos, ocasionan una disminución de ánimo para hacer algo.

Si no acostumbras reconocerte o premiarte, es natural que no sea familiar empezar este hábito.

El problema es el siguiente: tal cual pasaría con un jefe déspota, se te hará más complicado confiar en ti para futuros proyectos si no hay una recompensa definida y garantizada  desde un inicio en cosas que sabes que te hacen bien, pero te cuesta trabajo ejecutar.

Si refuerzas la costumbre de prometerte algo y cumplirte con experiencias que no son gratificantes para ti en esencia, pero sabes que te convienen, será más sencillo construir confianza a partir de saber que te recompensarás una vez que llegas a una meta.

Cuando sepas que necesitas hacer algo y te cuesta trabajo empezarlo, prométete una recompensa por una pequeña ejecución. De a poquito irás construyendo confianza.

Sé un buen jefe y serás un buen empleado contigo mismo.

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4 comentarios en “Tu jefe y tu empleado (parte 1)”

  1. ¿Como saber si eres un buen eje o empleado? soy sumamente exigente conmigo misma y por consecuencia también exijo a las personas que tengo a mi cargo, quisiera que las personas vieran la necesidad de urgencia y de importancia del cumplimiento de objetivos de forma diaria, que me dieran la importante que tienen cada una de las tareas. Aveces pienso que si puedo exagerar en algunas cosas pero a la vez me molesta si no se cumplen los objetivos. Como puedo transmitir de la mejor manera a las personas la importancia de las cosas sin que sientan que estoy exagerando?

    Al final del día tus superior siempre ven las cosas como negativo o exagerado y no ven lo positivo, sobre todo no ven lo que van a recibir.

    Es un tema que yo tengo años trabajando.

    Excelente inicio de semana Arturo.
    Un abrazo.

    1. Tus niveles de exigencia te permiten crecer en tu trabajo Fabi.

      No son malos, pero por lo que describes, ocasionan fricciones tanto en tu interior, como con tus colaboradores.

      Empieza por ver la utilidad que te brinda la exigencia, si le encuentras un propósito y la aceptas, empezarás a amortiguarla y hacerla consciente para integrar otras maneras de actuar que cultivaraán un trato más amable contigo que repercutirá en tu entorno laboral y social.

      ¡Gracias por comentar!

  2. Ser mi jefe es muy complicado…
    He aprendido a tratarme como trato a los demás, es complicado porque a veces me da más bien por tratar a los demás como me trato a mi.
    Me recomendaron “cómprate algo bonito”, en otros contextos, y eso me enseñó que ser buena conmigo (y con los integrantes del equipo) es muy gratificante.
    A veces me suena al perro de pavlov pero, es interesante ver los resultados que podemos obtener.
    Gracias por la entrada, DOC!

    1. Un arte que no dejaremos de aprender es el de descubrir y refinar el trato con nuestra persona y con la realidad de múltiples maneras:

      bidireccional, simultáneo, como referencia uno de otro.

      A veces alguien externo nos ilumina el trato con nosotros mismos, otras ocasiones nuestra manera de procurarnos nos ayudará a ser más empáticos.

      No hay recetas rígidas, por desgracia… pero también por fortuna, las posibilidades de interacción con nosotros y con el mundo son infinitas. Por eso me gusta pensarlo como arte.

      ¡Gracias por tu comentario Soledad!

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