Franquicias emocionales

Me gusta la imagen de que tenemos franquicias en nuestro interior.

 

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Tenemos franquicias más sutiles que nos determinan dentro de nuestro interior.

 

Así como un Mc Donald ‘s, o un Starbucks distribuyen sistemas de negocios que no necesitan de un gerente particular o un grupo de personas específico, así tenemos en nuestro mundo interno franquicias que nos dejan figuras importantes que pasan en nuestra vida y que no necesitan estar presentes.

Padres, maestros, eventos, traumas, recuerdos, se vuelven franquicias que nos generan emociones y pensamientos que no corresponden con nuestro presente, pero que nos pueden hacer sentir como si alguien estuviera a un lado diciendo cosas que nos afectan.

En el consultorio y en mi vida me encuentro con estas franquicias, cuando veo a una persona que tiene conflicto para verse como es, con recursos y talento que se pelean con la inseguridad, la vergüenza y un miedo infundado a fracasar.

En estas circunstancias se evidencia  que alguien dejó una franquicia. Un padre, tío, madre, dijo o hizo algo una o múltiples ocasiones. Ese “algo” lesionó la confianza de un niño que se volvió un adulto con una cicatriz que lo definió.

Esa cicatriz a veces es muy funcional, permite desarrollo, responsabilidad y logros que almohadas de pluma no conseguirían…

… el tema, es que duele y cuesta trabajo asumir la franquicia como una bendición y, por lo general, se arrastra una tensión entre lo que es y lo que se debería ser sin lograr un sentimiento de satisfacción con lo logrado.

Esas franquicias que dejan figuras importantes de nuestro pasado, en donde puede que esos franquiciantes ya hayan cambiado o ni siquiera estén con nosotros, no dejan de determinar nuestros movimientos.

Eso frustra, uno puede entender que ya es una adulto con logros y libertad, pero en nuestra cabeza seguimos preocupados por que nuestro papá nos reconozca o nuestra madre nos rechace, ya no como papá o mamá, sino de formas más sigilosas como la búsqueda de aprobación en el trabajo o el miedo al rechazo de nuestra pareja…

Sin embargo, además de la funcionalidad que pueden brindarnos estas franquicias de autocrítica que sólo nosotros sentimos, hay otra clase de empresas que también dejan sistemas en nuestro interior.

Hay franquicias más benévolas, a éstas se les llama: “confianza basica”.

Como no duelen, son más discretas que las franquicias de severidad que nos llenan de inseguridad.

Estas franquicias de apacho las pudo dejar algún reto que superamos, un papá que cuidó, un maestro congruente, una abuelita cariñosa, una mamá que amo sin condicionar.

Esa franquicia es un sentimiento de que podemos movernos por la vida, no tanto por que no quede de otra, sino por, curiosidad o deseo.

Habrá franquicias que no pudiste escoger, algunas que te maltratan en silencio, pero que también te permiten crecer, habrá otras que a lo mejor te cuesta trabajo apreciar porque son más benévolas con tu desarrollo cotidiano.

Hay dos cuestiones que vale la pena que consideres:

la primera, revisar si te funcionan o no tus franquicias (nota: el desempeño no está peleado con el dolor), y segundo, reconocer que de ahora en adelante tú puedes introyectar franquicias con consciencia al rodearte de gente que te inspire o tenga habilidades que tú  deseas, o atreviéndote a vivir cosas que te dejarán recursos una vez que las vivas, aunque te estrese la idea de que no eres capaz de experimentarlas con éxito.

 

Espero que disfrutes de reconciliarte con tus franquicias de dolor, que valores tus franquicias de confianza y te dediques a meter en tu cabecita y en tu corazón franquicias que te permitan crecer.

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