Nuestras emociones hablan por nosostros

Nuestras emociones hablan por nosotros, nuestros momentos de vida hablan por nosotros…

Aunque es fácil creer que somos dueños de nuestra voz.

A las emociones les gusta prometer, a las emociones se les hace fácil amenazar.

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Hace un tiempo le compartía a una amiga psicóloga que sentía mucho coraje por una situación que me había rebasado. Demasiado coraje. y esa emoción en tal intensidad no es muy cotidiana para mí, por lo que tenía dos pensamientos respecto a ella: primero, que estaba agradecido de sentir coraje, después de un ratote de sentirme angustiado y vulnerable.

Y segundo, tenía mucho miedo de la emoción que vendría después de que se me pasara el enojo.

Estaba aterrado porque por experiencia propia y al ver a mis pacientes, me he dado cuenta que una constante de un enojo inconsciente, trae como consecuencia culpa o angustia como cruda post-coraje.

Mi amiga me dijo algo que me tranquilizó:

-¿Por qué piensas eso? ¿Por qué no pensar que después del enojo puede venir tranquilidad, o alegría u otra cosa?

Me gustó lo que me dijo.

 

No me cansó de decirle a los pacientes, y de decirme a mí mismo, 2 principios que he descubierto en mi trabajo:

  1. Las palabras ocupan energía, y
  2. Las emociones tienen caducidad.

Esos 2 principios alivian mi malestar cuando me los recuerdo.

 

Los explico:

 

  1. Las Palabras ocupan energía o “Perro que ladra no muerde”:

Cuando hablamos ocupamos energía, las emociones son energía, y ese es uno de los elementos que aprovecha la terapia, una confesión y un cafecito o cerveza con una amistad para hacernos sentir menos cargados.

La falta de consciencia no nos permite aprovechar todos los beneficios que puede brindarnos esta dinámica.

Si las promesas que hacemos cuando nos sentimos enamorados, o embriagados de alcohol o algún sentimiento abrumador, fueran tan fáciles de cumplir no existirían abogados, ni contratos, ni leyes.

La frase: “al calor del momento”, lo expresa bien.

Si amenazo a alguien estoy buscando disminuir mi miedo respecto a algún daño que siento que esa persona puede hacerme.

Si aseguro algo enfáticamente estoy tratando de convencerme.

Si prometo estoy tratando de convencerte.

 

En los tres casos estoy desperdiciando energía valiosa que podría ocupar en ejecutar mi compromiso contigo, o conmigo o, en el peor escenario, mi amenaza.

 

Es irónico que esta misma cualidad de erosionar la energía del acto al verbalizar no la ocupemos para hacer conscientes los rasgos que más nos estresan o avergüenzan.

Incontables veces les digo a los pacientes que una manera en que yo resuelvo muchos temas que me agobian es exagerándolos. Y pongo el caso de mi timidez. Es irónico que entre más tímido digo que soy y lo presumo, más verborreico me vuelvo. Por el contrario, si se me olvida expresar mi timidez (o cualquier otra característica que no me enorgullezca), empiezo a actuarla.

Una manera de acelerar  la caducidad de una emoción es verbalizarla con consciencia, jugar con ella, burlarme de ella, exagerarla con intención.

2. (¿Pero qué es eso de que:) Las emociones tiene caducidad (?):

La realidad es dinámica, cambia.

Día y noche, estaciones del año, hay ciclos. La tristeza, la angustia, el enojo y la alegría son volátiles.

Una antigua paciente me decía que ella no era bipolar, sino “pentapolar”, yo agregaría que soy “polipolar” y esa idea me obsequia paz, en momentos que siento miedo o frustración.

Las emociones tienen límites. Este pensamiento me ayuda a disfrutar más los buenos momentos sabiendo que van a acabar y a no agobiarme tanto con las malas rachas.

Pero sobre todo, a ser muy cuidadoso con lo que voy a decir y hacer cuando siento una emoción muy intensa.

Trato de escuchar en mi interior antes de expresar cuando voy a prometer algo o cuando voy a amenazar a alguien. Por experiencia personal, no soy bueno cumpliendo promesas a largo plazo, ni amenazando…

Y creo que no soy el único. Es fácil amenazar a alguien cuando nos sentimos asustados y enojados, es fácil prometer cuando nos sentimos emocionados.

Pero estresa mantener y cumplir una promesa cuando nos sentimos obligados o resentidos, y se nos olvida cumplir nuestra amenaza o darle continuidad cuando aparece la culpa o la angustia.

Así que la próxima vez que tengas en la punta de la lengua una promesa o una amenaza, pregúntate si hablas tú o habla tu emoción…

Y luego considera que hablar disuelve malas y buenas emociones, y el silencio es el mejor cómplice para ejecutar metas, promesas e, incluso, amenazas.

 

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2 thoughts on “Nuestras emociones hablan por nosostros”

    1. Respondo Miriam.

      En mi experiencia personal, para mí es más fácil ejecutar algo si mantengo ese proyecto en silencio.

      Por una parte porque evito presión social o crítica que pueda contaminar mi intención original, por otra, por lo que tanto insisto en el post: hablar ocupa energía y esa energía se la quitamos a nuestros actos potenciales.

      Lo cual es muy saludable para resolver traumas, pero es poco funcional para concretar y dar continuidad a proyectos concretos a largo plazo.

      Espero haya quedado un poco más claro, pero si no es así, avísame y busco una manera de darte la respuesta que pueda explicarlo mejor aún.

      ¡Gracias por tus comentarios y preguntas!

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