Aprendizajes

Considero que todas las situaciones que vivimos y las personas que conocemos nos enseñan algo, y tienen un propósito en nuestra vida.
A veces se me olvida eso, cuando estoy muy feliz, o cuando me encuentro en un estado de ánimo opuesto. Sin embargo, en general, tiende a aliviarme un sentimiento de malestar en ciertas circunstancias o con alguien con quien tengo conflictos, si me recuerdo una pregunta:
“¿Qué aprendo de esto?”
Esa pregunta disminuye mi sentimiento de impotencia o mi coraje, por lo menos un poco. Hay otras dos cosas que hago en momentos de tensión: dejo que permeé la emoción que me incomoda, en lugar de evadirla, y me digo “Cambia”, para hacer algo distinto a lo que antes he hecho.
Por ejemplo, hace unos días me enoje con alguien, y sentía que era injusta la manera de reaccionar de esa persona y que yo tenía la razón, además de haber hecho un intento franco por resolver las cosas que fue, según mi impresión de ese momento, poco valorado.
Me fui, y no tenía la menor intención de hablar de nuevo con esa persona, estaba encabronadísimo. El sentimiento no bajaba; entre más repasaba la situación, más enojo sentía, más agraviado me vivía, y sólo sentía ganas de aplicarle la ley del hielo a esa persona, sabiendo que le afectaría…
Me pregunté que aprendía, y me respondí: “¡NADA!” Me pareció una pregunta estúpida y fuera de lugar… Después de hacerlo un par de veces nuevamente, me contesté:
“Conocerme.”
“Conocer lo intolerante o caprichoso que puedo ser, conocer cómo se sienten mis pacientes en ocasiones y tener una herramienta para sentir empatía cuando me describan una situación como la que acabo de pasar. Poderlos orientar cuando sientan coraje o frustración.”
El enojo disminuyo, cuando le encontré sentido a esa experiencia.
Después, sentí ese coraje, irónicamente, me sentí menos molesto.
Eso no quita que no tuviera ganas de hablar con la persona en cuestión o intentar arreglar algo.
Así que me pregunté qué pasaría si seguía con ese coraje, ¿me serviría? Me puse a pensar que si seguía con mi actitud de “me vale madres”, era muy probable que esa persona se acercará a mí cuando le bajara el coraje, eso me daría satisfacción…
Pero caería en un jueguito de manipulación y no en una relación profunda que me enriquece.
Sin embargo, no tenía ganas de hablar, o de disculparme, me parecía injusto, e incluso, contraproducente, estéril…
Me acordé de la palabra “CAMBIA”, y con mucha incomodidad, me acerqué después de un rato a platicar con esa persona, se me pasó el coraje de inmediato, me fui muy tranquilo a trabajar, con paz y con confianza en la relación.
Creo que vale la pena aprender de experiencias y personas incómodas, son una oportunidad para conocer y modificar algo de ti que no te gusta.
Arturo Hernández Vera especialista en dependencia emocional, infidelidad, celos y resolver ruptura de pareja
Psicólogos y terapia individual y de pareja en el D.F. División del Norte # 313, entre Prvidencia y Adolfo Prieto, Cólonia del Valle, Delegación Benito Juárez.
artherver@yahoo.com.mx