Esa fue la frase.
Un día antes me había preguntado:
“¿No te da miedo andar con alguien como yo?”
Esa fue la frase.
Un día antes me había preguntado:
“¿No te da miedo andar con alguien como yo?”
La “vocecita” o “vocesota” que tiende a juzgarme, criticarme o meterme miedo en mi cabeza me dice que lo que estoy apunto de escribir es: cursi, esúpido e incluso ridículo…