Sin proponerme descubro, aunque es un reto constante, que la manera más pronta de tramitar una sensación que no me gusta supone hacer las paces con ella.
Primero en la lógica, el concepto puede ser extravagante, pero en momentos de mucha fragilidad el cerebro está abierto a opciones. El segundo filtro que aparecerá antes del alivio implica a la ejecución.
Al no haberme rendido al dolor, la tristeza o a la ansiedad, es natural que no sepa cómo se puede realizar esta entrega a la emoción.

