Hago pausa, me detengo en un lugar cómodo, respiró y me digo en voz alta:
“ESCUCHA TU RUIDO MENTAL”.
Irónico. Hubo silencio.

Esa fue mi última lección de escalada hace semana y media.
Fue una herramienta que me ayudó mucho en los últimos 36 metros del día. No me interesaba acabarlos, pero sí quería saber cómo iba a pensar y sentir si escalaba estresado. Averiguar eso se volvió mi meta de ese momento, y mi presión interna bajó un poquito. Quería escuchar mi miedo, no escalar “bien”.
Por mi cabeza pasaba:
tienes las manos muy maltratadas, no las tenías así la última vez… ¿y si te está costando porque tienes una enfermedad neurológica..? Te cuesta porque ya hiciste rutas que no acostumbras… sacaste una más difícil, ¿por qué te cuesta tanto..? antes no te botaba esta pared… ¿y si no estoy bien asegurado..? ¿Y si me lastimo..? Puede que sea mi última escalada antes de la cirugía… ¿Y así quiero escalar el domingo..?
Podría seguir escribiendo mi discurso interno. No podía frenarlo.
Fue una sorpresa agradable subir con todas esas ideas, empezar una escalada mermada por mis divagaciones y acabarla con silencio en mi cabeza.
Todo se logró con lo que pongo al inicio de la entrada, en algún punto, donde me era razonable detenerme, respiraba y cerraba los ojos o miraba el paisaje y me decía en voz alta: “Escucha tu ruido mental”.
Conforme subía, con una confianza inesperada que no había al inicio y que no buscaba. Si empezaba a agobiarme, me detenía, respiraba y repetía mi nuevo mantra en voz alta.
Me obligaba a oír mi ruido mental, nada.
Repetía mi frase, nada.
Otra vez la decía, 0 pensamientos.
Más que escalar, me gustó ese hermoso recurso que me regaló mi estrés:
No dialogues con él.
No intentes controlarlo.
Sólo escúchalo.
Cuando te sientas mas abrumad@. Detente. Respira y repítete a ti mism@ en voz alta o escríbete:
ESCUCHA TU RUIDO MENTAL.
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Abrazo a mis monstruos…
A veces me gusta incluso interrogarlos hasta que se queden sin respuesta, aprender a escuchar a ese terrible juez que vive en mi cabeza también me ha dejado grandes aprendizajes, Doc.
Alguna vez confundí abrazarlos con ignorarlos, hacer un ruido más estridente desde afuera para que por más que gritaran yo no lograra escucharlos pero eso no hacía que se sintieran mejor sino más frustrados.
Me encantó esta entrada, Doc. Me llega en un momento justo, como siempre.
Gracias por compartir y qué padre que te gustó la entrada Soledad!
Atender lo que nos abruma, rendirnos a ello, incentivarlo, es lo último que espera este sector y por eso, en parte, es tan eficiente para desarmarlo.
Linda semana!