
Barrer, lavar, doblar ropa, comer con calma, cocinar, desplazarse, dormir, bañarse… respirar.
Lo pequeño cotidiano carente de glamour, es el fundamento de nuestros objetivos más ambiciosos.
Si vamos más lejos, además de la parte práctica que se refiere a que hay cosas simples que sostienen todo nuestro mundo y que muchas veces vemos como trámite, si se realizan con intención pueden volverse una trinchera que nos estructure en momentos complicados.
Cuando no sepas qué hacer o por dónde empezar, vuelve a lo que en el pensamiento oriental se define como: “carga agua, corta leña”.
Lo más trivial se puede volver un refugio para aclarar nuestras emociones y tramitar su energía.
Actividades físicas, mecánicas y domésticas, tendemos a verlas como una obligación, carga o medio para conseguir un fin; la propuesta de esta entrada implica verlas como una especie de meditación activa: un lapso que permita enfocar nuestra atención y energía lejos de las preocupaciones que brotan en automático.
Me gusta la idea que describe un monje: barremos, no sólo para tener limpia nuestra casa, sino también para tener limpia nuestra mente.
Qué bonito, Doc!
Me encanta por muchas razones pero la primera y la más grande es que, siendo yo tan de hábitos y costumbres puedo ver esa “cotidianidad” como una orilla segura de la cual agarrarme cuando sienta que me ahogo.
Gracias, =)
Y además de estructura, ver eso cotidiano como una manera de volverte presente.
¡gracias por comentar Soledad!