Cómo dejar de abrumarme

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¿Cómo dejar de abrumarme?

Se me ocurrió esta pregunta, porque pasmarme y llenarme de pensamientos que me impiden tomar acción es una experiencia más cotidiana de lo que quisiera.

 

Hace unos meses obtuve una estrategia que no había definido como respuesta a esa pregunta y la aclaré al subir la pared de la foto, pared que al verla me parecía intimidante.

Vuelvo a la pregunta: “¿Cómo dejar de abrumarme?”, es más, parto la pregunta en preguntitas:

¿Cómo logro ir más allá de ensayar el fracaso una y otra vez en mi cabeza?

¿Cómo  dejar de complacer las expectativas que creo, y que a lo mejor ni tienen, las personas de mí?

¿Cómo ir más lejos de lo que parece una tarea larguísima o complicada?

¿Cómo soltar mis fantasmas del pasado y mis cicatrices, más emocionales que físicas?

¿Cómo moverme con la curiosidad de un niño que juega, en vez de con la parálisis de un anciano que teme caerse y hacerse pedacitos?

Creo que la respuesta es sencilla:

Con pasos de bebé.

Hay una serie de principios que describen esta frase para disolver el estatismo que nos obliga a buscar condiciones oportunas y momentos perfectos:

1. Resuelve lo inmediato.

2. Confía en la incertidumbre.

3. Confía  en la confianza de los demás.

4. Habita el presente.

5. Abraza tus emociones.

6. Aprovecha las ideas de: “la última y nos vamos” y la de “mañana lo hago”.

 

Vamos a verlas:

 

1. Resuelve lo inmediato.

En la pared de la foto aprendí que si la veo completa, dudo de mí, pienso que hay agarres muy pequeños, que no voy a poder, que está difícil…

Pero cuando empiezo a subir sólo veo lo que tengo a mi alcance, no miró abajo porque me dará vértigo, no miro arriba porque pensaré que me falta mucho, sólo resuelvo lo que tengo a mi alcance.

¿Cuántas veces nos perdemos en detalles o posibilidades que a lo mejor nunca ocurren ni se vuelven a repetir?

Si sientes que algo te rebasa, no veas el panorama completo, sólo resuelve un pedacito: lo inmediato lo que tienes a tu alcance.

 

2. Confía en la incertidumbre.

Buscamos certeza de manera compulsiva, es natural, necesitamos algo sólido sobre lo que transitar. Sin embargo la realidad es dinámica, por no decir: caótica.

Al subir la pared pienso en subir 1 ó 5 centímetros cuando me estreso, tengo fe en que con ese avance minúsculo una nueva realidad se desplegará a mis dedos, una realidad que no había unos cuantos centímetros abajo.

Reconocer lo impredecible y honrarlo, nos quitará peso en nuestros movimientos. Confía en que tomaste las mejores decisiones hasta este momento, sobreviviste. Aunque no lo sientas te encuentras con la versión más evolucionada de ti en este instante.

Confía en la incertidumbre en lugar de pelearte con ella, es lo que hay.

No tienes por qué saber todas las respuestas.

 

3. Confía  en la confianza de los demás.

Ya lo mencioné en este post de que tenía miedo de tirar a mi maestra de tango hace unos años.

A veces la gente ve nuestro potencial sin que nosotros lo dimensionemos. Así me paso con la pared de la foto, yo ni la había considerado y mi entrenador me dijo: “súbela por los agarres amarillos”. Ahí dejé de dudar, pensé: “él es el entrenador, si él cree que puedo, voy a hacerlo, a ver qué pasa”.

Es triste que la crítica de los demás es más fácil de asumir que el señalamiento de nuestras virtudes.

Valdría la pena que la próxima vez que alguien confíe en ti, hagas un esfuerzo por aprovechar esa prueba de fe que te obsequia en lugar de cuestionarla, es energía y  sí la tomas, podrás encontrar fortalezas que no sabías que tenías.

 

4. Habita el presente.

Va de la mano con el primer punto: resuelve lo inmediato.

Nos vamos del recuerdo al proyecto, de la nostalgia a la angustia y perdemos de vista que en el momento actual estamos seguros.

Si tienes la oportunidad de leer esto, en este instante, estás a salvo.

No importan las deudas, pérdidas,  enfermedades, malas caras. En este instante, estás a salvo, al rato no sabemos, mañana, tampoco, pero en este momento estás a salvo.

Eso me gusta de escalar, no te deja pensar, los antebrazos congestionados, las manos raspadas, el miedo a caer, son demasiados estímulos intensos que te obligan a estar presente.

La realidad de cada día no es tan estimulante, pero con algo de atención y práctica podemos enfocarnos en lo que sentimos, comemos, respiramos y vemos, cachándonos cuando nos queramos ir a recuerdos o al futuro.

 

5. Abraza tus emociones.

Lo que sientes tiene, por lo menos, 2 funciones muy valiosas: primera, es parte de tu identidad, segunda, te está dando retroalimentación de algo importante en tiempo real.

La angustia, el dolor, la tristeza, el miedo, la confusión… no son padres, pero son tuyas. No las rechaces, rechazarlas de alguna manera es rechazarte.

Acéptalas, abrázalas y más rápido encontrarás paz si estás en conflicto. Intenta escapar de ellas y sólo las amplificarás.

Cuando subo una pred o me caigo de ella, lo que siento me permite conocerme y crear metáforas para comprender cosas que nada tiene que ver con escalar para ver desde otro ángulo mi vida en general.

Ver la vida con miedo o confusión, te va a dar un paradigma valioso y herramientas que la paz no te dará.

Acepta las emociones que no son padres, es la vía rápida para dejarlas atrás.  Peléate con ellas y trata de huir de ellas si quieres prolongarlas.

 

6. Aprovecha las ideas de: “la última y nos vamos” y la de “mañana lo hago”.

¿Sabías que nos engañamos cuando decimos “sólo una probadita”?

Generar inercia es más fácil de lo que imaginamos, el tema es que usamos ese empujoncito para usar la tarjeta de crédito o comer de forma compulsiva.

Por el contrario postergar es la mejor manera para prevenir y perder impulso, pero en lugar de aplicarla para nuestros vicios, la usamos para nuestros propósitos de año nuevo.

Cuando estoy a punto de caerme porque siento que los brazos no me dan más al escalar, no pretendo acabar, pero sí alcanzar, o al menos, arañar un nuevo agarre. ¿Quién sabe?, puede que encuentre un punto de reposo y de alivio para quedarme y recuperarme.

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