1. ¿Cuáles son las crisis de la edad en los hombres?

Las principales crisis de edad en los hombres se dan, durante:
A) Adolescencia (12-18 años)
B) Adultez temprana (28-32 años)
C) Adultez propiamente dicha (40-50 años)
D) Tercera edad (50años en adelante)
Así descrito, el panorama parece que el desarrollo masculino fuera una crisis constante. Sin embargo, varía de acuerdo al contexto en que cada individuo se desenvuelva, considerando aspectos como educación académica, estrato socio económico, presión social, comparación y competencia con coetáneos, etc.
Si definimos las características de la crisis de cada etapa, tenemos la siguiente lista:
A) Adolescencia (12-18 años):
Surgen las preocupaciones por: definir su identidad sexual, obtener la aprobación de sus compañeros, la asunción de un nuevo cuerpo, la dificultad para sobrellevar una etapa de transición en la que no es hombre, pero tampoco niño, y por distinguir su identidad como alguien separado y diferente de sus padres.
B) Adultez temprana (28-32 años):
Se hace un alto para reflexionar acerca de logros sociales y físicos obtenidos, así como la madurez o inmadurez de sus relaciones. Surgen a menudo las siguientes preguntas: “¿quiero casarme con ella?”, “¿quiero establecer una familia?”, “¿cuál es mi patrimonio?”, “¿en qué momento me descuidé y le sucedió esto a mi cuerpo?”, “¿seguir estudiando o trabajar?”, “¿me encuentro estancado en un trabajo sin futuro?”
C) Adultez propiamente dicha (40-50 años):
Con el paso de los años y la satisfacción o frustración de proyectos elaborados, se llega a la consciencia, o se niega, que los recursos físicos no son los mismos que antes, surge una urgencia por hacer cosas que no se hicieron en la juventud, o bien por falta de recursos económicos, o bien por falta de confianza. Entiendo que es un cliché, pero el personaje de Lester, interpretado por Kevin Spacey en “Belleza Americana (Sam Mendes, 1999)” ilustra esta crisis con una fidelidad directa y minimalista. Si el cuidado del cuerpo no ha sido el adecuado en años previos se muestra una particular angustia por la disminución de potencia sexual, lo que acarrea la necesidad de comprobar su masculinidad de otras maneras, como pueden ser conductas de infidelidad o agresividad.
D) Tercera edad (65 años en adelante):
La preocupación masculina se enfoca en cuestiones de salud y soledad. La pérdida de seres queridos sugiere la idea de la propia finitud. El deterioro físico y mental se acelera, si el adulto mayor no ha establecido diversas fuentes de autoestima, y si no reconoce en el paso de los años un proceso natural que a todos nos toca vivir.
Si el trabajo ha representado una inversión notable de tiempo y energía, la jubilación se vive con terror, como la pérdida de sentido de vida.
2. ¿Qué es la crisis de los 40 en los hombres?
Se refiere al momento en el que sufren modificaciones notables y simultáneas los siguientes factores: trabajo, salud, familia y pareja. Dichas alteraciones obligan a realizar una evaluación en la manera en que se ha llevado la vida durante las cuatro primeras décadas, debido a que representa pasar la mitad del umbral de esperanza de vida, lo que significa la transición incipiente de la adultez a la vejez.
A partir del análisis mencionado que haga un hombre de su vida habrá modificaciones en su comportamiento como un intento de realizar objetivos que no se han concretado, sintiendo la premura de que si no ejecuta o vive ciertas experiencias en este período, no tendrá una segunda oportunidad de hacerlo.
3. ¿Solamente se vive crisis en esta edad, pues sabemos de muchos de 30?
Una crisis supone un momento en la vida en la que se altera el modo en que se perciben la eficiencia de hacer las cosas. Un recurso o conjunto de recursos que hasta la fecha han funcionado, dejan de ser vigentes y es necesario incorporar nuevas maneras de responder a las situaciones que nos presenta la vida.
Crisis se pueden vivir en cualquier momento, si existe la pérdida de un ser querido, o el inicio de una nueva actividad, o la estancia en un nuevo lugar, esos acontecimientos implican una ruptura en la cotidianidad de una vida, esa ruptura es una crisis, si altera el equilibrio emocional de la persona que la está viviendo.
Afirmar que a los 40 ó a los 30 años pueda presentarse una crisis, quiere decir que en nuestra sociedad se conjugan una serie de acontecimientos que obligan a varios hombres a reflexionar o a realizar comportamientos distintos en esas épocas de su historia personal.
4. ¿Qué piensa y hace un hombre cuando llega a esta edad?
Depende del individuo. Convencionalmente se espera que a los 30 años un varón heterosexual maduro haya comenzado a establecer ciertos logros, como el desarrollo de un patrimonio, incorporar a su vida una pareja y comenzar a establecerse como jefe de familia.
Si estos, llamémosles, requisitos, no son cubiertos, habrá un grupo de hombres que se sientan frustrados. Mientras que habrá otro grupo que sienta que si asumen el perfil descrito perderán libertad, juventud y oportunidades recreativas o de trabajo.
5. ¿A todos les pasa…O qué condiciones deben existir para que suceda?
No todos los hombres vivirán una crisis a los 30 ó a los 40 años. El que se presente una crisis o no, depende de la capacidad de adaptación que tenga cada persona. Si un varón tiene un equilibrio en diferentes áreas durante su desarrollo, y su energía se ha desplegado de manera equitativa en diferentes áreas, como son: pareja, dinero, trabajo, salud, amistades, familia. Su autoestima se encuentra regulada por diversos factores, en dado caso de que uno de esos sectores no marche bien, tendrá la confianza de su desempeño en otros ámbitos para poder elaborar mejor frustraciones o cambios.
Si no hay un equilibrio en estas áreas, es altamente probable que un ámbito excesivamente trabajado, supongamos el económico, genere toda la gratificación y autoestima del hombre, y como consecuencia el involucrado descalificará o minimizará otros logros como el tener familia, amigos o una salud adecuada. El riesgo aquí es que ver el desarrollo de coetáneos en otros espacios que no se dominan generan sentimiento de inferioridad y envidia, lo cual resulta en la simiente de una crisis, un ejercicio de introspección incómodo para modificar el trayecto mantenido o asumir la frustración de no haber desarrollado un área determinada.
6. ¿Cuándo termina dicha crisis…De qué depende?
Como se acaba de mencionar, la crisis concluye en el momento en el que se asume una decisión y un movimiento en consecuencia. Quedan dos alternativas: cambiar o resignarse y justificar la falta de desarrollo.
Ahora bien, puede haber una sucesión de crisis, resolver un asunto, no implica que no permanezca en el tintero, o que no exista un acontecimiento fuera del control del individuo, que reactive una crisis en apariencia cicatrizada.
7. ¿Cómo debe de actuar una mujer ante tales cambios?
Es normal que los cambios en la conducta de un hombre desconcierten a su pareja, y que la crisis del varón tenga efectos colaterales en su mujer.
Ella debe pensar que está tratando con un adolescente; sé que en apariencia puede sonar inadecuada la comparación de un hombre de entre 30 y 50 años con un muchacho de 16 ó 18, pero el propósito de esta sugerencia es brindar a una pareja un contexto que le permita obtener certidumbre, disminuir los conflictos potenciales o reales, y mejorar su comunicación a partir de un acontecimiento que ninguno de los dos está controlando.
Es normal que la mujer se angustie al ver los cambios de su consorte, y sienta diversos miedos, uno muy generalizado es pensar que su pareja le será infiel, al ver que comienza a arreglarse más o a hacer ejercicio cuando antes no lo hacía.
La mujer debe señalar, más no juzgar estos cambios, si los critica, prohíbe o enfatiza, la crisis que vive el hombre se agudizará, y la sentirá a ella como, anticuada, estancada, limitante.
Para evitar que el hombre sienta en su pareja un elemento más que agudiza su crisis, la mujer debe pensar que se encuentra frente a un adolescente, alguien que requiere comprensión, no juicios; alguien que requiere contención, no imposición, pero que también requiere que le señalen con firmeza gentil y esporádica las consecuencias potenciales de sus actos. Este señalamiento debe ser intermitente, y congruente con la aparición del cambio en la conducta del hombre.
Si los señalamientos de cambios o consecuencias son frecuentes e incisivos, el hombre se sentirá agredido y más dispuesto a transgredir el orden que él mismo ha construido con su pareja.
Arturo Hernández Vera, especialista en dependencia emocional, infidelidad, celos y resolver ruptura de pareja
Psicólogos y terapia individual y de pareja en el D.F.
artherver@yahoo.com.mx
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