Con preocupación, tristeza, enojo…
Una manera de pausar estos sentimientos si son crónicos, se logra con la pregunta:
¿Esto es mío?
¿Qué tanto esta angustia, esta tensión, este miedo es mío?
¿Qué tanto es de otra persona o grupo?

Somos sugestionables y cuidar nuestro entorno e influencias filtrará tensiones innecesarias.
A este respecto, hay una idea que leí hace años: Tus ingresos son una media de tus 5 relaciones más cercanas…
Y creo que lo mismo ocurre con la salud, la educación, y otros elementos de nuestra identidad.
Sin darnos cuenta nos involucramos con varias tribus y, nos conectamos en diferentes niveles.
Desde los bostezos que se contagian, hasta hacer los mismos movimientos que una persona con la que estamos platicando sin darnos cuenta.
Lo mismo pasa con las emociones:
se reflejan.
Si considero lo anterior cuando algo me rebase, vale la pena preguntarme qué tanto eso es mío.
En estadios y conciertos se riegan emociones, eso mismo pasa con nuestro compañeros de trabajo, amigos, pareja, familia y el lugar en que vivimos.
Si defino cuáles son mis influencias, qué veo y escucho, con quién me relaciono…
Podré abordar sentimientos incómodos para romper su retroalimentación, en lugar de luchar superficialmente por cambiar una emoción desagradable que aparece con frecuencia.