
En momentos en los que una emoción me rebasa y quisiera dejar de sentirla, me sirve recordar una clase de baile…
La mestra me comentó:
¿Cómo es tu personalidad?, y ¿cómo quieres bailar?
Me aclaró que cada persona tiene un estilo diferente que es como una huella dactilar de baile.
Y que esa impronta se puede definir a partir de tener una intención, en este caso: un ideal para bailar.
En mi caso particular partir de reconocer ciertas características como que soy rígido, estructurado, predecible, administrado, nervioso…
Y dirigirme hacia lo que me gustaría comunicar con una pareja al bailar, y eso que me gustaría es: sosiego, certeza, confianza y ternura.
Creo que la mismo estrategia funciona con las emociones, cuando pretendo un cambio…
Empiezo por definir qué emoción tengo y qué puedo hacer con ella, darle valor a esa experiencia me posibilita empezar a dibujar una meta más clara, que forzarme a sentir algo distinto.
Trato de tener cuidado con rechazar la emoción…
Pues eso la amplifica, y el desgaste de la lucha es demasiado.
Agregado a lo que tengo para bailar y cómo quiero bailar…
A veces vale la pena escuchar la canción que me pone la vida, y si se puede, quizá definir con quién quiero y puedo bailar esa canción, antes que sólo dejarme llevar o pasmarme y no salir nunca a la duela o pista.
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Qué hermoso ????????????.
Gracias Arturo, eres el mejor.
Gracias por tus palabras Monse!