
Descarga y terquedad son un par de atributos que se manifiestan con regularidad en mi vida, y que puedo ocupar hacia mi paz mental.
Sobre la necesidad de desahogo: hablar, escribir, moverme, implica que soy activo y atento, por tanto lúcido. Los desahogos que me generan más armonía por regla son conscientes y presentes aún si no los planeo.
En la misma línea de conciencia pero un poco más premeditada, además de una descarga, se da mi segundo atributo: la terquedad.
No tanto como un ejercicio de rebeldía, sino como un esfuerzo infructuoso que trata de controlar algo.
Es decir la prohibición de algo me obliga a ser más atento. Ser contreras, o “autosaboteador” premeditado genera consciencia.
Y la consciencia forzada interrumpe patrones.
Enfocar mi atención en lo que me duele, no para rechazarlo, sino para atenderlo e incluso estimularlo romperá su inercia.
De ahí que lo que se conoce como “psicología inversa” pueda tener un carácter tan práctico en el cambio.
Si yo me obligo a sentir vergüenza, culpa y ansiedad, sucede lo mismo que si me obligo a calmarme: pasmo el proceso, atasco la emoción.
Quebrar el ímpetu de la compulsión al drama es posible si me dirijo a él, si lo desmenuzo en lugar de intentar eliminarlo.
Trata de experimentar con una emoción que lleves mucho tiempo intentando cambiar: fórzala.
Lo primero que pasara es que esa posibilidad le parecerá tan absurda a tu cerebro que lo pondrá en pausa. Lo segundo, es que la emoción dejará de sentirse porque habrás roto el condicionamiento que la recicla: el exceso de control.
Copyright secured by Digiprove © 2022 Arturo Hernández