Lecciones de una pérdida.

En enero de 2016 falleció el papa de un paciente.

Durante mucho tiempo hablamos de los conflictos que tenían, el rencor acumulado, el deseo de reconocimiento, la falta de empatía…

Y el terror a que un día no estuviera.

Tanto a mi paciente como a mí nos sorprendió que al momento del deceso de su padre, él se sintiera muy en paz. Triste, pero en paz.

Yo quedé  intrigado, pues nunca había vivido una pérdida de un amigo o un familiar cercano, sin embargo, sí había testificado el inmenso dolor y vacío que dejaban las pérdidas de mascotas, parejas, familiares, y, en particular, de padres o madres.

En consecuencia, el miedo más grande que tenía era la llegada del día que mi mamá falleciera.

Siendo muy apegado a ella, consentido, e incluso sobreprotegido por muchos años, la posibilidad de que un día no estuviera presente me ponía mal.

Para mi sorpresa, el día tan temido llego hace 2 meses: el 28 de noviembre del año pasado.

Sino escribí lo que viene a continuación es porque deseaba dejar pasar un lapso algo prolongado para ver si la paz que vivía no era una negación profunda debido a su pérdida.

La intención de compartir lo siguiente supone valorar y cultivar las relaciones significativas que tenemos para que en caso de concluirlas, más que experimentar remordimiento, vacío o desesperación, llegue un sentimiento de paz y gratitud que no esté peleado con la tristeza o el dolor que implique terminar una relación o experimentar la muerte de un ser querido.

Paso a describir lo que creo que me enseñó la relación con la anticipación y el miedo a la muerte de mi mamá.

 

1. El miedo no es malo.

Es natural experimentar miedo por una perdida potencial, no es agradable, pero el miedo nos ayuda a darle seriedad y delicadeza a temas que pueden dejarnos muy vulnerables. Mi miedo a perder a mi mamá, me permitió la sensibilidad para empezar a tratar el tema cuanto antes, en lugar de evadirlo.

 

2. Comparte lo que sientes con quien es importante para ti.

Mi mamá me sabía más que cualquier persona, tenía una comunicación muy padre con ella, tuve la fortuna de sentirme escuchado y conectado, con muy pocos juicios de su parte.

Ella llevaba 20 años con diversos temas de salud, a veces me enojaba con ella, y me daba cuenta que ese enojo era una manera de protegerme de ver a alguien muy importante que se deterioraba físicamente. Le compartía entonces mi miedo, hablábamos, me disculpaba y me volvía un poquito más consciente de la situación.

 

3. Aprovecha tu contexto.

Sea cual sea tu situación, busca la manera de utilizar el ambiente en el que te encuentras para cultivar las relaciones que te importan.

Yo me encuentro muy agradecido con cada paciente que me ha compartido una pérdida concreta o anticipada en sus fantasías, porque eso me enseña que no estoy solo con mis miedos, que es humano tenerle terror al día que alguien que queremos o nosotros mismos no estaremos.

No imaginaba hace 15 años  a lo que me dedicaría. Fue circunstancial y después se alinearon muchas cosas para que desde enero del 2007 comenzara a trabajar con las emociones de la gente de manera simultánea con una gratificante experiencia de introspección.

A veces sentía que perdía el tiempo leyendo o escribiendo, me reconfortaba encontrar ideas o textos que hablaban  de la muerte desde diferentes posturas, en lugar de negar el tema, múltiples ocasiones hable de mi miedo con mi mamá. Cada párrafo leído, cada idea asimilada, supongo que me preparó sin darme cuenta, para esta experiencia… no se si Facebook, Instagram o Netflix lo hubieran hecho igual.

Por las condiciones de mi trabajo, administración y organización, tenía y aprovechaba la posibilidad de pasar al menos un par de días a la semana con ella, desayunar, ir al cine, a la iglesia, por un café, o un helado.

 

3. Agradece.

Frente al féretro mi hermana estaba quebrada, venía de su casa en Guanajuato para despedirse de nuestra mamá, me compartió que una de los pensamientos que le dolían mucho era que si ella que no era tan cercana, se sentía fatal, no imaginaba cómo me sentiría yo que era súper apegado.

Le contesté que yo también hubiera pensado eso antes, pero, era extraño, en lugar de desesperación, me sentía muy agradecido de haber pasado tantos momentos con ella.

Más que la perdida, sentía una inmensa gratitud por muchas cosas: por haber estado acompañado al recibir la noticia, por la comunicación que pude tener con mi mamá, por la solvencia para poder pagarle a sus cuidadoras, porque se tenía ya cubierto el servicio funerario desde hace bastante, porque las recaídas que tuvo mi mamá de salud durante varios años fueron llamados de atención que me permitieron valorarla y no fue una experiencia terriblemente espontánea.

Es padre ver que en mis diarios era frecuente agradecer por una comida, desayuno o salida con ella.

Hay muchas cosas por las que siento gratitud; esta emoción me ayuda a sentirme aliviado sin que niegue mi tristeza.

 

4. El dinero y el tiempo son importantes.

Vivimos en una época en la que es muy fácil consumir y endeudarse. A mí  ya me tocó estar super atorado con tarjetas de crédito y tener que trabajar cuando no quería para medio sobrevivir y pedir prestado para pagar deudas que parecen no acabar.

Después de esa experiencia decidí empezar a ser más consciente del valor del dinero, de respetarlo, cuidarlo y entonces, compartirlo. Sigo en ese proceso de ensayo y error, y encontré en el dinero un aliado que me permitió el tiempo y la libertad para procurar a mi mamá, sus cuidadoras, algunos de sus medicamentos.

Los desayunos los lunes por la mañana, comidas o salidas, venían de  ser muy claro en mis prioridades, hacer presupuestos,  y saber a qué  cosas le diría que no.

 

5. Cuídate.

Si tú estas bien, estarás en condiciones de cuidar a quien ames. Invierte en ti con consciencia. Creo que el miedo a perder a la madre implica la perdida de la experiencia del amor incondiconal.

Al menos ese es mi caso. Mi mamá me amaba aún en mis malos momentos, con mis errores, incongruencias, pérdidas. Siempre estaba ahí. Era un oasis, un refugio que me permitía renovarme y regresar con confianza al mundo real.

Es triste que no sea tan automático amarnos incondicionalmente. Creo que si nos dedicamos a cultivar el amor y aceptación propios, no nos sentiremos tan vulnerables con la idea de perder a alguien que amamos y nos ama, sea padre, madre, amigo, amiga, pareja, hijo…

Pero si no aprendemos a amarnos  con nuestros sesgos y limitaciones, el pánico por perder a alguien es una experiencia predecible.

Pienso además, que donde quiera que ande ahora mi mamá, dudo que le gustaría ver a un hijo demacrado, desorientado y lagrimoso. Conociéndola, creo que le gustaría verme con la consciencia de que la tengo presente, me muevo, disfrutó, y la percepción de que dejó a un hombre con recursos que le agradece su ejemplo.

Varias cosas son las que reflexiono  desde hace un par de meses:

¿por qué sólo he sollozado una vez en su casa desde que ella se fue?

¿Por qué, en general, me siento en paz y sigo disfrutando de la vida?

¿Por qué puedo recordar con aprecio sin la necesidad por repetir algo o por pedirle a Dios un día más?

A grandes rasgos la respuesta se sintetiza en lo que mencioné arriba:

 

El miedo no es malo.

Comparte lo que sientes con quien es importante para ti.

Aprovecha tú contexto.

Agradece.

Cuida el tiempo y el dinero.

Cuídate.

Gracias Ma.

Digiprove sealCopyright secured by Digiprove © 2020 Arturo Hernández

10 comentarios en “Lecciones de una pérdida.”

  1. Hola!
    Gracias por compartir tu experiencia, la verdad me puse triste, no me imagino pasar por lo que pasaste! Son muchos sentimientos!
    Perdón.

  2. Lamento mhcho tu perdida Arturo 🙁 me alegra saber que lo estás viviendo de esta manera, me parece que es el testimonio más claro de que los que hemos ido a terapia contigo somos afortunados y estamos/estuvimos en las manos correctas.

    Yo Creo que nuestros miedos son la anticipación al futuro muchas veces basado en experiencias pasadas. Creo que volvernos conscientes es nuestro objetivo principal en esta realidad.

    1. ¡Hola Cristina!

      ¡Gracias por comentar!

      Como mencionas, el miedo es una anticipación concreta de algo que ya vivimos y que trata de darle forma a una angustia que es difusa, y la consciencia es una experiencia accesible que nos ayuda a dejar de juzgar y ser presentes, como objetivo y habito de vida resulta una experiencia práctica y de resultados inmediatos.

      ¡Abrazo!

  3. Arturo, me alegro mucho al leer lo que escribes.

    Particularmente me llena de paz imaginarme el proceso que llevas tal cual lo describes.

    Gracias porque después de tanto tiempo, lo que escribes me sigue resultando terapéutico.

  4. Gracias por compartir tu ser y la manera de vibrar la vida con una pérdida tan sentida.
    Es tan aleccionador leerte.
    Mil gracias.
    Te abrazo sentidamente

  5. Hola Arturo,

    Siento mucho tu perdida y me gustaría compartir que hace un mes y medio también viví la perdida de mi papá, en lo personal es un dolor que nunca había experimentado pero fue mas de nostalgia de saber que ya no lo veria mas y se me rodaban las lágrimas. Tiempo atrás cuando pensaba en ese momento se me hacia algo terrible, insoportable y si es un evento difícil pero no tan terrible como lo imagine y de alguna forma me.siento tranquila con lo que fue.

    1. Aprecio tus palabras Miriam y también lamento mucho tu pérdida.

      Creo que cada quien la vive de manera diferente.

      Espero pronta resignación para ti y que esa nostalgia se vuelva una emoción más pacífica cada día que pase.

      Te mando un abrazo grande y agradezco que compartas.

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