Vitaminas accidentales

En menos de 2 semanas ya me enfermé 2 veces…

No me daba gripa desde agosto del año pasado.

Aún con frío o algún que otro cambio brusco de temperatura por descuido, no me había pasado.

También me encuentro con una llantita en la cintura que no estaba aún con algunos atasques ocasionales.

Eso tampoco había pasado.

Me doy cuenta deque hay algo que en el último año y medio no había ocurrido. Ando bajón de ánimo.

Mi metabolismo y mi sistema inmunológico se fortalecen si estoy emocionado, curioso o feliz la mayor parte del tiempo. Incluso la ansiedad hecha adrenalina en pequeñas dosis me fortalece. Esas emociones coloridas y aceleradas son mis vitaminas accidentales; no las busco, suceden y sus beneficios se manifiestan en áreas que no planeo.

Pero permanecer gris la mayor parte del tiempo no me favorece para comer sin el desnfado con el que me desenvuelvo, ni para ser tan resistente a bichos como normalmente soy.

Alguna vez escuché a un conferencista que decía:

“Yo no me deprimo, no me doy permiso de deprimirme!”

Lo tengo presente.

No soy tan radical. Aprendo a respetar y apreciar estos momentos de bajón o planos.

Puedo dormir mejor, puedo ver las cosas con otro prisma, tengo más sensibilidad y empatía para emociones bajas en el trabajo del consultorio, tengo destellos de humildad para ser menos severo con los demás y, a veces, hasta conmigo.

Aprendo a disfrutar de los momentos descoloridos porque me dan contraste, porque me enseñan otra versión de mí, que no me encanta de entrada, por sentirse más débil, pero que me permite acceso a recursos que la felicidad, la inspiración, o el “estar bien” convencional no me entrega.

Aprendo a disfrutar y cultivar el invierno de mis ciclos personales. Ya sé que si me peleo con él sólo lo voy a prolongar.

¡Feliz o triste o emocionante o lo que sea, mientras sea auténtico y te sirva: cierre de 2019 e inicio del 2020!

2 comentarios en “Vitaminas accidentales”

  1. Es muy alentador ver que no soy la única a la que le pasan ese tipo de cosas…
    Desde hace casi año y medio me doy cuenta que mi tristeza, mi enojo e incluso mi felicidad le dan muchos colores a mi vida y, aún cuando viví triste tantos años, cuando más triste estaba solía enfermarme incluso de cosas que nunca pensé enfermarme. Hasta los virus sabían que estaba triste!!!
    Gracias por la entrada, Doc! La comparto
    Excelente año!

    1. Una idea que me gusta es que vinimos a este mundo a explorar una paleta de colores, un espectro muy amplio de diversas emociones que nos permiten sentir múltiples contrastes.

      Desde ese punto de vista las emociones “malas”, no son grotescas, son puntos de referencia.

      ¡Gracias por tu confianza, por compartir y comentar Soledad!
      ¡Excelente 20202 para ti también Soledad!

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