Las 5 verdades

Hay un tema que desde la semana pasada me deja pensando:

Por qué es tan difícil a veces decir la verdad.

Existe una tendencia a omitir, evadir, endulzar o no tocar ciertos temas que en el fondo sentimos que nos aligeraría expresar.

Leía que si a uno le dicen:

“te tengo 2 noticias,  una buena y una mala, ¿cuál quieres saber primero?”

En general escogeremos primero la mala, para quitarnos incertidumbre y para que la buena amortigue el final de la experiencia…

No obstante, hacemos lo opuesto al comunicarnos con alguien, pensando que l@ cuidamos, primero le damos la buena noticia y luego rodeos para llegar a la mala noticia… si es que alguna vez llegamos.

En lo personal ser completamente honesto, es una batalla personal… miento, he mentido y muy posiblemente lo volveré a hacer.

Lo que tengo claro, es que las ocasiones en que me atrevo a ser honesto aún con la tensión que pueden generarme las consecuencias que imagino de decir la verdad, termino por sentirme muy ligero y hasta ahora, no ha pasado de un disgusto por no haber dicho las cosas antes.

Hay una idea que me aclara en este tema y se llama:

“Los 5 niveles de verdad”. La encontré en un capítulo del libro de la foto.

Según este planteamiento, no hay una verdad absoluta, y sí las hay relativas, subjetivas, temporales.

A partir de este punto, los niveles son:

1. Decirte la verdad acerca de ti mism@.

2. Decirte la verdad a ti mism@ acerca de alguien más.

3. Decir tu verdad de ti mism@ a alguien más.

4. Decir tu verdad acerca de alguien más.

5. Decir tu verdad a todos acerca de todo.

 

Vamos por partes:

1. Decirte la verdad acerca de ti mism@.

Esta es difícil, en cuanto que tendemos a racionalizar nuestras acciones y emociones. Desde pequeños se desarrolla una programación de cómo “deberíamos sentirnos”.

Se considera inadecuado sentir: tristeza, envidia, inseguridad…

Este conflicto por asumir emociones y pensamientos desagradables, genera tensión.

No nos damos oportunidad de tener sentimientos o pensamientos “malos”, porque pensamos que entonces seres “malas” personas o seres defectuosos.

Ser honesto conmigo supone CUESTIONAR y QUEBRAR la idea de que DEBERÍA SER… lo que sea. Ser honesto conmigo implica entonces, aceptar lo que siento y pienso, no sólo como un ejercicio de congruencia, sino de amor por mí mismo, de aceptarme como soy en mis “malos” momentos, con mis “malos” sentimientos.

Es paradójico que cuando acepto esto comienzan a desbaratarse e integrarse esas experiencias que no me gustan de mí.

 

2. Decirte la verdad a ti mism@ acerca de alguien más.

Esta experiencia es complicada porque tiene dos fases al menos: estar en el ojo del huracán es la primera, la segunda es la dificultad de romper hábitos.

Estar en el ojo del huracán, significa que no puedo ver ciertas cosas en una relación porque las emociones que siento por una persona significativa me van a impedir ser neutral.

El mundo puede captar lo evidente de mis puntos ciegos en una relación que me es importante, yo no.

Por eso es muy frecuente encontrar personas que aconsejan a otros lo que les convendría hacer sin tener los elementos en sus relaciones para tener autoridad moral de consultores de la vida de los demás.

Este fenómeno se debe a la falta  de perspectiva que tenemos al estar en una relación, sin embargo…

Tenemos una herramienta brillante que se llama: intuición. Aquí entra el segundo momento de decirme la verdad a mí mismo acerca de alguien más. Muchas veces siento dolor en una relación, eso es intuición. Ese dolor me pide que haga ajustes en mi relación.

Por desgracia, muchas veces espero que la persona cambie, pensando que así me sentiré mejor, en lugar de hacer caso de mi intuición y reconocer los alcances y las limitaciones de la persona en cuestión.

 

3. Decir tu verdad de ti mism@ a alguien más.

Abandono y rechazo.

Esas son las 2 razones por las que no me atrevo a decirle la verdad de quién soy y que he hecho a alguien.

Me da miedo que me juzgue esa persona, me aterra que me bote o que le parezca grotesco.

Lo curioso es que todos tenemos nuestros complejos o inseguridades, y que cuando nos abrimos con el otro para ser francos y transparentes, hacemos una invitación a que la otra persona comparta su humanidad en vez de darnos una apariencia que eventualmente se caerá. Ahí  sí vendrá la decepción que tanto temo.

Es triste que nos resulte más fácil  desnudarnos físicamente que compartir lo que en verdad pensamos y sentimos.

 

4. Decir tu verdad acerca de alguien más.

Delicadeza: es una característica básica para compartir con una persona significativa cómo me siento con ella.

Compartir cómo la veo, cómo reacciono o quisiera hacerlo, también nos cuesta por temor a parecer intensos. No es fácil, y lanzarse al extremo opuesto de decirlo todo sin filtro,puede confundir sinceridad con hostilidad.

 

5. Decir tu verdad a todos acerca de todo.

Hace un tiempo me topé con una idea muy adecuada para este punto, decía que cuando leemos o escuchamos: “sé cómo Jesús, Buda, Mahoma…”

Es fácil pensar que se establece una propuesta de un modelo religioso, cuando en realidad la idea es:

Sé auténtic@.

Sé  congruente,  sé simétrico entre lo que tienes adentro y lo que muestras.

Esto es particularmente difícil, porque si ya es un reto ser transparente con una persona, serlo con el mundo es mucho más  complejo.

 

Creo que sí es difícil decir la verdad, pero creo que es más desgastante mantener un teatro que no es real, cuesta demasiados recursos.

Para terminar quiero compartir el piropo más bonito que me han dicho alguna vez: “Eres real”.

2 thoughts on “Las 5 verdades”

  1. Vaya, Doc… Dice el dicho… “La verdad no peca, pero incomoda” y no hay nada más real. El tema es que no estamos acostumbrados a “escuchar” la verdad, ya no digamos a decirla, y muchas veces el saber la verdad es saber cosas que no estamos dispuestos a aceptar.
    Me queda claro que, ser auténtico, ser congruente, ser honesto, SER REAL es una parte de nosotros que no tan fácilmente podemos aceptar (y nos cuesta aceptarlo porque buscamos ser aceptados primero).
    Definitivamente debemos aprender a decirla pero, sobre todo, aprender a escucharla, escucharla de los demás y escucharla salir de nuestra boca.
    Muy buena entrada, Doc!
    La comparto.
    Gracias!

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