3. No eres una víctima. Eres un creador.
Pensar eso. Me hace sentirme más fuerte.
Algo que te va a ayudar es pensar que NO ERES UNA VÍCTIMA. No justifiques ni disculpes lo que hizo la otra persona. Verte como víctima, te resta responsabilidad y consciencia e incrementa las posibilidades de que esto que te sucedió se repita. Algo hiciste o dejaste de hacer que contribuyo, para que se diera la ruptura o la infidelidad.
Trata de distanciarte un poco de tu dolor e impotencia, para ver la situación desde un ángulo más amplio, es difícil, pero eso te ayudará a cicatrizar más rápido tu herida.
Por ejemplo, en mi caso, creo que un factor que influyo para que mi expareja me engañara con otra persona, fue que yo tenía terror a perderla, era celoso, me movía y hacía lo que podía con el único objetivo de no perderla. Creo que eso que tememos, eso atraemos. El otro día veía una frase que me hizo sentido: “El universo escucha lo que sientes, no lo que dices.” Así que si soy congruente con el título de esta sección, me imagino que mis celos y mi miedo a la pérdida influyeron de algún modo para que se diera el final de mi relación.
Otro factor que contribuyó a mi pérdida fue: mi comodidad. Yo estaba cómodo, empecé a descuidar tomar la iniciativa, mi aspecto, ser detallista. Creo que la comodidad a largo plazo nos atrofia y si uno no da mantenimiento a las experiencias y las da por supuestas, éstas terminan por extinguirse.
Repito la idea: NO ERES UNA VÍCTIMA. Es normal tener días malos, pero entre más rápido asumas tu responsabilidad, más rápido dejará de doler, romperás patrones y establecerás límites para demostrar que te respetas y te quieres.
Por el contrario, cuando me vivo como una víctima y le cuento a alguien mi experiencia desde el ángulo de que “ella me lastimó o me traicionó…” me siento débil, angustiado y sin ganas de confiar en los demás.
En mi situación personal empecé a hacer un recuento de acciones u omisiones. Sin justificar lo que ella hizo, una parte de mí imaginaba sin poderlo controlar que ella me engañaría y se iría con alguien más independientemente de que durante más de 2 años y medio me daba evidencias de certeza y reciprocidad. Como decía en el primer capítulo llamas lo que temes o deseas, así pues se cuidadoso, muy cuidadoso con tus pensamientos y emociones.
Esa es mi explicación metafísica por un lado. Por otro, la explicación física me obliga a confrontarme y cuestionarme qué no hice tan bien, en mi caso, fueron errores nuevos. Eso duele, pero no genera la impotencia de que haga lo que haga siempre obtendré el mismo resultado en mi relación o relaciones futuras.
Creo que me acomodé, no fui muy propositivo y me dejé llevar por mi miedo a perderla como el único criterio para moverme o dejar de hacer algo. Olvidé construir experiencias y recuerdos con ella. Me volví un accesorio, nos volvimos, que satisfacían necesidades egoístas.
Eso es algo que aprendo a cachar para mi próxima pareja. No digo que no cometeré errores, eso sería ingenuo; sin embargo, seré muy cuidadoso de repetir las mismas equivocaciones. Tengo confianza en que tengo la capacidad de reparar y de aprender y si fallo buscaré la manera de resolver. Esto último me lleva al siguiente punto: no soy una víctima, ni lo fui, ni lo seré porque tomé las mejores decisiones con las emociones y experiencia que tenía en esos momentos en mi ex relación. Lo hice lo mejor que pude. No fue una pérdida de tiempo. Aprendí mucho y agradezco.
Parte de recuperar el control y la responsabilidad para trascender el rol de víctima y empoderarte para cicatrizar tu perdida más rápido supone sincerarte con tus emociones actuales, olvídate de cómo “deberías” sentirte y asume lo que sientes por más incómodo que sea.
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