La motivación es un recurso delicado

Las ganas, el ánimo,  la inspiración, la motivación, son una experiencia que puede ser controlada.

El reto es que esta experiencia es abstracta y subjetiva.

No se ve, como el dinero en una cuenta, ni como el tiempo en un reloj o calendario.

 

Las ganas de estar con alguien, de hacer algo, de quedarse en un lugar, se alimentan o erosionan.

Tener esta conciencia me permite monitorear y cuidar aquello que es importante para mí.

 

Primero reconociendo que mi estado de ánimo va a cambiar por variables mías, tales como si estoy enfermo o desvelado, enamorado o asustado, preocupado o relajado…

 

Segundo, por temas que no me pertenecen como el estado de ánimo de alguien más, su momento de vida o el contexto en que me muevo…

 

Y tercero, por el colapso  o coincidencia de lo primero con lo segundo, es decir,  de mis heridas o recursos, con los de aquello con lo que interactúo.

 

Reconocer que la retroalimentación que doy y me brindan nutre o desgasta  mi ánimo, me permite ser más cuidadoso de no exponerme a situaciones que me van a pegar, y buscar circunstancias que estimulen mi compromiso con algo o alguien con poco esfuerzo.

 

Por ejemplo, cultivar relaciones que valoran mi tiempo me anima a tomarlas en serio y brindar lo mismo, ver resultados económicos en mi trabajo me inspira a involucrarme, dejar algo en el mejor momento y quedarme con ganas de más, me invita a perseguir esa experiencia de nuevo.

Sus opuestos: que me cancelen con frecuencia, sentir que pico piedra, agotarme al hacer algo…

Merma mi motivación y dificulta renovarla.

Ser atento a esas fluctuaciones de “ganas”, me darán un instructivo para moverme sin esfuerzo, ni sacrificios por la vida y para disminuir mi resentimiento si no encuentro lo que siento que merezco.

Digiprove sealCopyright secured by Digiprove © 2023 Arturo Hernández

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *