Cuando iba en quinto de primaria, mi tío me regaló: El Extraño Caso del Doctor Jekyll y Mister Hyde.

Era un libro pequeño, morado con un cuadro blanco en el centro de la portada que incluía un dibujo de una máscara de un hombre rubio, con las cuencas vacías y detrás se percibía una cabeza negra sin rasgos, con ojos rojos.
Confieso que el doctor, me parecía desde chico un personaje gris, soso, plano, tibio… Perfectamente equilibrado y moral. Me generaba una mezcla de admiración y aburrimiento.
Por el contrario, Hyde me fascinaba y me daba miedo…
Una parte de mí quería ser como ambos, yo creo que dos partes e reflejaban en ambos.
He hecho cosas que no me enorgullecen, he hecho otras que me dejan sorprendido por lo noble que puedo ser sin proponérmelo a veces.
Me he dado cuenta de que cuando he sido más agresivo, hiriente, mala onda… Traigo un montón de tensión atrás. Creo que es el síndrome del Doctor Jekyll, la contención exagerada de emociones que terminan encontrando un brote exagerado en Mister Hyde.
Es raro que a un paciente o amigo no le recomiende el siguiente video, porque creo que ilustra con mucha claridad que aquello que más tratamos de controlar, termina por dominarnos cuando menos lo esperamos.
Todos tenemos lados obscuros, puntos ciegos y heridas, y creo que entre más rápido nos reconciliemos y les hallemos sentido a esas experiencias, recuerdos, emociones o características, más rápido las trascenderemos.
Aquí el video, de El Efecto de la Sombra de Debbie Ford.
Arturo Hernández Vera, especialista en dependencia emocional, infidelidad, celos y resolver ruptura de pareja
Psicólogos y terapia individual y de pareja en el D.F., ahora CDMX.
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