
Hay una frase que se le atribuye a Mark Twain:
“He tenido muchas preocupaciones en la vida, y la mayoría nunca sucedió.”
Este aforismo me deja pensando lo fácil que es olvidar fantasías que nos quitaron la paz y que al no concretarse, también olvidamos el desgaste que en su momento causaron.
Ese olvido es un elemento crucial para reincidir en la preocupación crónica.
Es normal preocuparse, somos criaturas paranoides diseñadas para sobrevivir.
Pero creo que una estrategia que diluye la angustia se encuentra en llevar un registro de miedos.
En lo personal, siento alivio con retos nuevos, cuando le doy una mirada a mis diarios y veo preocupaciones de hace uno o varios años y me encuentro con que, como Mark Twain, muchas no sucedieron.
De las pocas que se concretaron, o no tuvieron consecuencias profundas, o si las tuvieron, por lo general, ya están barnizadas por recuerdos posteriores y algunas hasta con una lección integrada.
Creo que la lucha por fluir y ser un espíritu despreocupado tiende a alimentar el estrés, pero reconocer la preocupación, darle su lugar como un elemento de autocuidado y atención, y luego echar un ojo al baúl de las angustias pasadas, tiende a disminuir la carga de los agobios presentes que pueden torturar mi imaginación.
Si empiezas a tomar nota de tus preocupaciones actuales, encontrarás desahogo en este ejercicio que parece trivial. Añadida a la descarga vendrá en un futuro la perspectiva global de tus movimientos, decisiones y consecuencias desde un ángulo menos contaminado por la emoción actual.
Copyright secured by Digiprove © 2022 Arturo Hernández
Había escuchado esto antes, el 80% o 90% de nuestras preocupaciones nunca sucederán.
Así que no hay de que preocuparse ?
Y el 10 ó 20 ó 1% que llega a concretarse no tiene el impacto que tanto temíamos.
Gracias por comentar Noé!
La base de mi ansiedad siempre… y el peor escenario es que nada de lo que me preocupé en un inicio suceda.
Ya lo compartí, DOC.
Muchas gracias!!!
Y el mejor escenario que las malas expectativas que nos construimos permitan que cualquier resultado que no encaje con ellas pueda ser un regalo inesperado.
Gracias por compartirlo Soledad!
Casi por casualidad leí esto hoy. Según yo procuro no “recrearme” en mis angustias, por lo que me parece retador llevar un registro de lo que me preocupa pues me hace sentir como que lo sigo alimentado jajajaja.
Pero me parece muy interesante el ejercicio, darle espacio a la preocupación, ponerle nombre en lugar de evadirla o intentar “no pensar mucho en ello” que son las estrategias más habituales que ocupo por el miedo a que me sigan preocupando.
Tal vez es la atención que esa emoción está buscando y que regularmente no quiero atender. Al darle un poco de atención, en un momento determinado destinado a “registrar mis preocupaciones” sean menos insistentes que si las sigo rechazando o intentando negar o evadir.
Se lee “masoquista” ponerle consciencia deliberada a lo que duele en nuestra imaginación…
Lo irónico es que verbalizar o escribir implica liberar energía…
Ponerle cara a un fantasma lo diluye…
Pruébalo Raquel, y verás como el paso del tiempo le va a dar un ángulo muy diferente a algo que abruma en presente.
Gracias por escribir!