Una de tantas ideas de la sabiduría popular que no cuestionamos y que destruyen muchísimo potencial creativo es: “no te andes con medias tintas.”
Si bien esa idea pretende eliminar la ambigüedad, creo que su resultado es matar la semilla de múltiples proyectos.
Al caer en la postura radical de todo o nada, muy frecuente tanto cuando estamos abrumados como cuando emitimos juicios superficiales, dejamos de ver la posibilidad de construir inercia para experiencias que deseamos.
Es paradójico que un método muy eficiente para el sabotaje de nuestras buenas intenciones es precisamente hacer las “cosas a medias tintas”, al caer en nuestros engaños de: “qué tanto es tantito”, “una vez al año no hace daño”, “sólo para emergencias”, “mañana empiezo bien…”
Nadie busca con premeditación: endeudarse, el alcoholismo, el cáncer, la obesidad mórbida, involucrarse en una relación de maltrato y humillación…
Pero nuestras mayores crisis y problemas empezaron por nimiedades… por menos incluso, que medias tintas.
Una galletita por aquí, la última y nos vamos por allá, un cigarrito para relajarme, un gustito que liquidaré cuando me llegue la quincena, dejar pasar una vez algo que me molestó por no querer verme intenso.
Todo esa bola de nieve que terminó en avalancha, el fenómeno “medias tintas”, es neutro, lo podemos ocupar para hundirnos o para elevarnos.
Ahí radica la ventaja de hacer las cosas a medias tintas: en usar con consciencia ese primer impulso que parece intrascendente.
PD. Confieso que esta entrada empezó como un ejercicio hacer las cosas a medias frente a semana y media que llevaba diciéndome que me pondría a escribir mientras me pasaba por la cabeza como estaría el domingo en la noche redactando 🙂
Copyright secured by Digiprove © 2021 Arturo Hernández