Creo que una de las experiencias que más sufrimiento genera es la dificultad para reconocer que tenemos un mundo interno muy rico y complejo.
Culturalmente existe la necesidad de definirnos para “ser feliz”.
Por eso resulta muy frustrante darnos cuenta de que tenemos una multiplicidad, o al menos, una dualidad de tendencias en nuestro interior que no van a concordar con esa felicidad abstracta libre de contradicción y estrés.
Esa oposición demoníaco y angelical que todos tenemos tiene diferentes nombres:
impulso y defensa,
emoción y razón,
amígdala y corteza prefrontal,
sistema 1 y sistema 2,
yo que experimenta y yo que recuerda,
lo que quiero y lo que debería,
el niño y el adulto.
Ninguno es mejor que otro, uso el nombre de “diablito” sin una connotación moral, pero sí con una intención de referencia.
Parte del desgaste que padecemos supone tratar de resolver asuntos demoníacos con elementos angelicales, esto es, intentar racionalizar emociones. Son dos mundos diferentes, es natural que frustre resolver una ecuación sentimental con elementos binarios lógicos del tipo: todo o nada, bueno o malo.
Pelearnos con el diablito o justificarlo, generan presión, impulsividad y culpa en constante reciclaje.
El diablito se manifiesta de diferentes formas: como incertidumbre, deseo, miedo, dolor, curiosidad.
Cualquier experiencia interna que se sienta abrumadora es el diablito sobrecargado.
Asumirlo como una parte nuestra, vivirlo sin juzgarlo y buscarle un espacio de recreo para que salga cuando se ponga loco, le permitirá al angelito estar menos estresado y cargar menos remordimiento o confusión.
La escritura, el ejercicio, cualquier actividad que te permita expresar tu interioridad, son campos de creatividad para el diablito que pueden sublimarlo, agotarlo y reconciliarlo con el angelito.
Hay una pregunta que me parece práctica para conciliar al diablito con el angelito, consiste en cambiar:
¿Estoy que estoy haciendo es bueno o malo?
Por:
¿Estoy que estoy haciendo me funciona o no me funciona para lo que digo que quiero?
La funcionalidad consciente integra la emoción con el análisis, la impulsividad con consecuencias.
En la práctica budista existe el concepto de transformar el veneno en remedio que se basa en aprovechar del amor compasivo, la sabiduria y el coraje …
A veces lo que culturalmente se ve como “veneno”, es una experiencia o recurso neutro que se califica por contexto.
Las emociones son energía que puede manifestarse de muchas formas.
¡Gracias por compartir William!
Ouch, Doc!!!
Ahora si me dio la pedrada fuerte… NTC
En estas últimas fechas en las que he estado tratando de “definirme” o “reinventarme”, mi ángel y mi diablo están en constante discusión pero, el entender que definitivamente nada de lo que haga puede dañar / matar a nadie (al menos no de forma directa) me ha ayudado a acallar a ambos.
Para definir lo que me ayuda o no a ser lo que REALMENTE quiero ser estoy escuchando ambas voces sin dejarlos ganar, solo escucho opiniones.
“Déjalos hablar…” me dijo alguien a quien considero sabio y acertado…
Que argumenten entre ellos, y si uno se come unas palomitas mientras ve el debate, el impacto emocional cada vez será menor.
¡Abrazo Soledad!