Hambre de apapacho

 

Hambre de mirada, escucha, conexión, calidez.

Quiero ser mirado, tocado, escuchado, pero no invadido. No por cualquiera, ni en cualquier momento.

Los gatos me parecen buena referencia por lo volubles que son en este aspecto.

 

El contacto con otro ser vivo nutre hasta cierto punto.

 

El contacto en caricia alimenta, la escucha conecta y desahoga, la mirada nos da contorno. Este contacto define nuestros límites físicos, emocionales, morales, lo que gusta y lo que incomoda.

 

Hace años por temas de sensibilidad y de dificultad  del dichoso contacto busqué  y caí en clases de tango, De eso se derivó un proceso de conciencia corporal que le pone pausa a mi análisis excesivo en ocasiones, y a mi compulsión por entrenar y acabar lesionado.

 

La impresión mas común que genera el tango es de “sensualidad”, a mí me parece todavía más primario: se me hace tierno, lo siento tierno. Más que un cortejo, lo vivo como una búsqueda de conexión ingenua y juguetona.

 

Hambre de contacto, apetito de apapacho, de contención, de contener, de definir la certeza de las fronteras de la piel y los sentidos en abrazo y en ritmo: el ritmo propio, el de la otra persona, el de la música, el del momento.

Llega el punto cuando se sacia ese apetito y cuando hay empacho o inercia.  Y trato de ser consciente de cuando sucede esa hambre, que como con la comida concreta ya es picar por picar, o comer por ansiedad, o por adicción.

 

Entonces es natural escuchar al hambre de espacio, silencio, libertad y soledad.

 

Me da paz que lo que puede parecer una contradicción en donde a veces quiero contacto, pero en otras espacio, habla de saciedades distintas.

 

Habrá diferentes momentos de vida, y diferentes metabolismos. A veces necesitaré más por alguna crisis o desorientación y las alianzas sociales abastecerán. Otras ocasiones será al revés y un ayuno de aislamiento me acomodará mis entrañas.

 

Creo que parte de cultivar la serenidad y la empatía supone escuchar y sentir esos diferentes apetitos y saciedades, conocerme en ellos, y aprender a saborear tanto la conexión como la distancia.

El contacto con otro, el contacto  conmigo. Pelearme y reconciliarme con otro, pelearme y reconciliarme conmigo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *