
En una época que se enfoca en la productividad, el consumo, los beneficios y vivir intensamente, resulta frecuente encontrarse con la frustración de no obtener resultados a partir de un esfuerzo que antes generó una consecuencia bien definida…
Lo que por lo general hago si algo no me funciona como antes, es incrementar la dedicación y el tiempo.
A veces encuentro resultados, pero la mayoría de la veces acabo frustrado, consumido, cansado, lesionado, resentido… si insisto en algo que no me genera una respuesta que antes sí obtenía.
En actividades físicas al entrenar, en alimentación, en el trabajo, con el manejo del dinero, en las relaciones interpersonales….
Hay fluctuaciones y ciclos.
Reconocerlos, sentirlos, alinearse con el cansancio o la ausencia de resultados frente al esfuerzo, puede generar armonía con menos (o incluso sin) esfuerzo.
Mencionó algunas veces que hace años aprendí la importancia de algo que se llama: “DESCENSO”.
Durante años entrené para triatlón, si me preparaba yo solo, me exigía cada vez más y me estancaba o me lastimaba…
Una vez que empecé a trabajar con una entrenadora, me dí cuenta que había momentos para echar toda la carne al asador, y otros para rascarse la panza…
Diciembre, en particular, era de no tocar la bici, ni correr, bajarle al ejercicio y comer lo que se me antojaba durante las fiestas…
Me sorprendió el primer año que probé esa dinámica, encontrarme con que en enero, toda la carga de entrenamiento de los meses previos se asimilaba…
El cuerpo descansaba y se notaba un incremento en todo: velocidad, fuerza, resistencia y técnica; por el descanso físico y psicológico.
No es negación.
No es evadir.
No es postergar.
Sino ponerle pausa a una inercia.
Implica detener con consciencia y resulta en un principio difícil dejar de hacer algo.
Oxigenar restaura, y evita el riesgo de sobreentrenamiento o de falta de reconocimiento frente al trabajo duro.
No es que nos guste la mala vida, sino que existe un principio de escasez en la economía, la naturaleza, el metabolismo, las relaciones:
lo intermitente en la certeza nos fortalece.
¿Por qué en una relación el exceso de entrega en ocasiones no genera reciprocidad sino lo contrario?
Por no saber cuando descansar y jugar con mover energía de la propia persona a la relación y hacer un vaivén entre ambas partes.
¿Por qué hay rebotes después de una dieta super rigurosa?
Por darle demasiado chance al cuerpo de asimilar los cambios.
Aprender a descansar y dejar de hacer, es tan funcional como conprometerse y ejecutar, pero saber cuándo parar, y cuando implicarse es todo un arte:
el arte de jugar con el desequilibrio.
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HERMOSO!!!
Permitirme “parar”, me ha ayudado a no forzar y dejarme fluir.
Sentir menos estrés, y menos responsabilidad e incluso no ser estricta de una manera donde la amabilidad hacia mi escasea, me ha ayudado a mantenerme en este momento un poco mas estable que otras veces.
Gracias Arturo, agradezco haberme cruzado contigo.
Eres parte fundamental a mi crecimiento y cuidado interno-personal.
Aprecio mucho tus palabras Montse!
Me da gusto que aprendas a soltar rigor cuando no funciona como una estrategia viable para conseguir lo que necesitas.
Gracias por comentar y por tu confianza!