Déjate sorprender

“Ridículo… ¿Cómo se entretienen con algo tan simple?”

Fue la idea que me surgió cuando de reojo veía a una familia jugando en una mesa vecina con monitos como los de la imagen de arriba…

3 horas después de estar clavadísimo jugando eso mismo que juzgaba, pensé qué tanto hago eso con experiencias cotidianas: opinar superficialmente, rechazar y perderme de algo muy agradable por parecerme básico de entrada.

Esa conclusión surgió  de la visita que mi hermana y mi sobrino hicieron para festejar el cumpleaños de ella, y de la ida a un restaurante con videojuegos como parte del itinerario.

Yo tenía expectativas de ese lugar, jamás hubiera escogido el juego de la foto, menos después de que mi parte cínica y envidiosa viera a la familia tan entretenida con algo tan sencillo.

Mi sobrino lo escogió y resultó que la simplicidad del jueguito es lo que puede hacerlo fascinante: es muy cómodo de manejar, no está cargado de estímulos, es algo lento y, por lo mismo comprensible…

un descanso para la saturación de estímulos y celeridad de otros juegos más complejos y recargados de pixeles, que si bien pueden parecerme fascinantes de entrada, acaban por sacarme lagrimas de los ojos y engarrotarme los dedos.

Me gustó la experiencia de compartir con ellos, y me dejó la lección de que probar a veces lo más sencillo, puede brindar un regalo de  nuevas experiencias que son más enriquecedoras de lo que hubieran considerado mis prejuicios.

La siguiente vez que me nazca ponerle una etiqueta a algo para rechazarlo, este recuerdo me facilitará poner pausa para permitirme abordar algo desde un ángulo curioso, en lugar de renuente.

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