
“Autosabotaje”.
De eso trata esta entrada, de lo que normalmente consideramos sabotajes cuando llegamos a cierto nivel de consciencia y nos damos cuenta de que tenemos más responsabilidad de la que creemos y menos control del que nos gustaría.
Un maestro me dijo una vez que uno de los elementos que supone una retroalimentación efectiva para el paciente supone “quedar bien con Dios y con el diablo.” Con la realidad de que tenemos en nuestro interior un impulso y una defensa.
Esto quiere decir que somos una contradicción fundamental que va desde la búsqueda de equilibrio cuando estamos en crisis, a la intención de “ser mejores” cuando nos sentimos estancados.
Esta contradicción básica se presenta en lo que denominamos “autosabotajes”. Cuando decimos que queremos algo, pero no podemos salir del bucle de impotencia de patrones rancios.
Cuando canto y lloro, cuando digo que quiero o que no quiero algo, pero mis ejecuciones u omisones concretas me guían a una dirección diferente, creo que una manera de romper esa espiral de frustración consiste en integra la pregunta:
¿y no podrían ser los 2?
En nuestro interior coexiste este cielo y este infierno, nuestro potencial y nuestra sombra… casi al mismo tiempo.
Eso es lo que duele: la lucha porque domine el lado “bueno”, sin reconocer que el lado “malo” es valioso.
Si hay algo que me conflictua porque me siento incongruente, el título de esta entrada me parece un acceso para el alivio.
Si me cuestiono si lo que tanto me critico es un mecanismo de defensa que me funciona o un autosabotaje que me impide ser feliz, y pongo en pausa esa definición radical, las aguas de la ambivalencia se empezarán a apaciguar.
Si veo mi drama personal como meterme el pie yo solito, pero al mismo tiempo como un ejercio de amor propio, posibilito armonía de lo que parece opuesto y rompo la inercia de mi guerra interna.
Dejo de pelearme con mi lado obscuro, para darle su lugar de tal modo que deje de hacer berrinche y apoye al sector que le gustaría a mi lógica que predomine.
Cuando hayas pasado de la posición de víctima y te preguntes si lo que haces es un sabotaje, considera que esa ejecución tiene un propósito, aunque de entrada no parezca clara: un movimiento de autocuidado.
Y entonces reformula la pregunta de “¿por qué me limito-saboteo?”, a: “¿y no podrían ser los 2? ¿Mi sabotaje en concordia con mi autocuidado, con la experiencia y recursos que tengo hasta este momento?”
Ahí empezarás a ponerle pausa a la compulsión.
Copyright secured by Digiprove © 2022 Arturo Hernández
Vaya, Doc!!!
Es tan realmente revelador entender que no necesito ser una de las dos…
Tan acostumbrada a mi lado crítico que a veces la que no escucho es la buena.
Gracias!!!
Somos más que blanco y negro, más que sabotajes y éxitos.
Integrar ambas polaridades permite romper patrones que sentimos que nos fragmentan en bueno y malo.
¡Suerte en tu viaje Soledad!