
En estos momentos ando muy receptivo al valor del espacio propio…
Después de dos sesiones seguidas con pacientes que me compartieron información que tenía que ver con este tema en gran medida, empiezo a definir un impulso mío que se alinea con los de ellas en este momento es:
Mi espacio me brinda una suerte de libertad estructurada que restaura.
Pero empiezo a apreciarlo ahora que estoy en proceso de definir dónde será mi nuevo hogar.
Ya me había pasado en otras ocasiones, dos para casa, una para el consultorio tener que concluir ciclo por motivos ajenos a mí. No fue un ejercicio de decisión, sino de impotencia: me acomodé en la familiaridad hasta que las circunstancias me botaron.
Hace un par de meses fue diferente, por irme del país un mes y un cirugía leve próximamente, no logró tener muy claras las condiciones de mi nueva casa.
Eso me brinda una libertad inmensa de movimiento sin contratos, ni raíces, sin grandes gastos, pero también un itinerario caótico que no le es fácil de procesar a mi parte obsesiva.
Lo anterior me permite valorar la rutina que tenía en un lugar tan complejo como la Ciudad de México en donde había logrado vivir, casi inmune a los retos que supone el trafico, desplazamientos, horas pico, saturaciónes.
Ahora en el proceso de reconstrucción, me doy cuenta de lo fundamental que es tener mi propio espacio, para adueñarme de mi tiempo y de mi energía en principio, de mi alimentación…
Para renovarme y compartir o conectar con otros, para oxigenar mis relaciones…
Para definir identidad.
Este espacio es físico y simbólico. La parte fisica es la ubicación concreta, donde pieda cerrar unanpuerta y establecer una frontera con el ruido exterior.
El espacio simbólico se refiere al hueco mental que libero para mí y que no es de responsabilidades, trabajo o vida social, y que sin aislarme por completo, sí contribuye a renovarme para mejorar mi lucidez y ánimo con la gente que aprecio, con la que trabajo y quizá hasta con la que no conecto tanto, pero requiero coexistir.
En este momento que me encuentro como gitano, a veces ligero, otras errático, descubro que tener un territorio propio que pueda sentir como “hogar” resulta una experiencia que me brinda refugio y claridad, para integrar la variedad y las confrontaciones del día a día.
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Gracias por compartirme.
Un gusto Irene!
Gracias a ti por comentar!
Desde hace unos años he aprendido a valorar mi tiempo y mi espacio como un no negociable en mi vida y en mis relaciones interpersonales con familia y/o amigos. Mi tiempo y mi espacio (mi momento, me gusta llamarle como Ingeniera), es donde me siento cómoda y feliz y por eso no hay manera de que hoy lo cambie por nadie o por nada.
Qué padre entrada, DOC!
“Mi momento”, mi lugar, con experiencias que posibilitan compartir e integrar…
¡Qué bien que tengas claros los fundamentos de tu vida Soledad!
¡Gracias por comentar!