
Ilusionarnos nos inspira, eso permite movimiento, pero en algún momento, esa inspiración se vuelve miedo a perder la ilusión original.
Sucede entonces una crisis, rechazamos el cambio.
Y entre más lo negamos, peor nos sentimos.
Estar abiertos a una decepción consciente, por el contrario, permite integrar. Las expectativas se vuelven menos elevadas y, en consecuencia, el apego por una circunstancia concreta, no tendrá un aterrizaje tan brusco cuando la ilusión original no sea afín con nuestros deseos.
Esta decepción consciente implica reconocer el cambio como una constante para ver la vida con un espectro muy amplio de matices, y movernos no porque las condiciones sean óptimas o porque no nos quede de otra según nuestros juicios, sino porque podremos construir circunstancias perfectas en la incertidumbre sin aferrarnos a ellas.
Si aprendo a decepcionarme, reconociendo que es una de muchas sensaciones que puedo experimentar, en lugar de tratar de evitar decepcionarme, me estaré vacunando frente a la incertidumbre.
Una manera muy puntual de cultivar la decepción práctica, consiste en aprovechar cada evento que no fluya como esperamos y verlo como una oportunidad para ser más desapegados de nuestras expectativas y las cargas que éstas nos suponen.
En lugar de sentir que nos obligan a subirnos a la montaña rusa de la vida, o que no nos dejan salirnos del circuito cuando vienen los descensos que son parte del juego, saborearlos nos permitirá disminuir las siguientes pendientes de idealización o (también, ¿por qué no?), enamorarnos y desencantarnos de una forma más juguetona y funcional, en lugar de sentirnos a merced de las manipulaciones de algo externo.
Si luchas por no vivir la decepción, eventualmente llegará muy fuerte, si aprendes a navegar sobre ella, te encontrarás con muy pocas olas.
Copyright secured by Digiprove © 2021 Arturo Hernández
Muchas gracias Arturo, como siempre inspirador y en el momento perfecto. Gracias por seguirnos compartiendo tu conocimiento y todo lo que nos puedan aportar tus lecturas.
Un gusto Miriam!
Gracias por comentar!