Estoy preocupado de no tener de que preocuparme.
Así me dijo hace algunos años un paciente que había superado episodios muy fuertes de ansiedad en una relación con una expareja.
Al momento de expresarme su nueva preocupación con una sonrisa, agregaba que le iba bastante bien en la universidad, adelantaba materias con 10, adelantaba también su servicio social, empezaba a trabajar en un lugar que le gustaba, estaba contento en las relaciones con sus papás, amistades y novia actual, tenía dinero ahorrado para un viaje que haría en los próximos meses…
En consecuencia todo le salía bien, fluía y disfrutaba en todo lo que hacía y tenía claro el recuerdo de lo mal que lo había pasado antes…
Le preocupaban algunas situaciones hipotéticas: que descuidara los estudios por el trabajo, que a lo mejor al ser todo tan fácil no le daba la importancia que debía a las cosas y que su falta de ansiedad le ocasionara puntos ciegos que cobrarían factura en un futuro.
Esa experiencia la he sentido y la he visto antes.
Muchas veces estamos acostumbrados a funcionar con adrenalina. Los momentos de bienestar, pueden desconcertarnos a veces más que los que nos obligan a poner a prueba nuestros límites.
Creo que esa experiencia de preocuparme por no tener de que preocuparme, o tener miedo de que no me alteran cosas que antes sí lo hacían, hablan de una evolución y una confianza profunda en nosotros mismos y en que todo estará bien o mejor.
Creo, también, que es una oportunidad para reconciliarnos con esa parte de nosotros que nos juzga, para escucharnos, y alejarnos un poco de nuestra batalla interna y aprender cómo se desenvuelve.
Así que cuando todo parezca estar bien, o las cosas no te alteren como crees que deberían y sientas que por no tener miedo o preocupación sucederá algo muy malo, date la oportunidad de sentir cómo es transitar en ese camino de paz endeble que no es familiar.
Entre más lo experimentes con disposición, más rápido integrarás un deposito de confianza en tus recursos y tu contexto.
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Hace un par de semanas compartía esta sensación con mi equipo de trabajo.
En mi caso es complicado porque vengo de una tendencia en la que siempre tenía que estar al pendiente de mis acciones, de mis palabras, de mis sentimientos… de las desiciones que tomaba. Y ahora no es que no lo esté, simplemente que de momento podemos sentir que somos libres de actuar, de decidir y de sentir.
A veces no es fácil confiar en ti, pero el nivel de mejora en el que nos encontramos es muy gratificante…
Gracias, Doc, por que me has ayudado a preocuparme por no preocuparme.
El modo de supervivencia es una constante con la que nos movemos por la vida en automático.
Supone un poquito de trabajo cacharnos cuándo nos gane esta tendencia y no haga falta integrarla.