El viernes pasado vi una película danesa que se llama así.
Me dejó pensando en lo parecida que es mi imaginación a la capacidad creativa de quienes hicieron la película: con poco logran mucho.
La historia trata de un policía que atiende llamadas de emergencia, una de las cuales es el eje de la trama: la realiza una mujer secuestrada.
No echaré a perder la película para quien quiera verla, pero sí voy a describir a partir de ella, cómo es mi imaginación para inventarse historias de terror en la vida cotidiana.
Un actor, si acaso otros cinco secundarios y un espacio físico, en hora y media en tiempo real.
Sólo eso.
No hay efectos especiales, ni coreografías elaboradas, ni una historia que profundiza en años y elaboradas vueltas.
Sólo un actor y el audio de las llamadas que realizan con él generan en la cabeza de quien las ve, imágenes grotescas, adrenalina, y una anticipación de todo lo que está pasando de manera sorpresiva.
Así es mi imaginación, con una sugerencia de la realidad puede inventarse películas de terror en las que los protagonistas no son zombies, ni asesinos seriales, ni criaturas sobrenaturales, los verdaderos antagonistas si no cuido esa fábrica de sueños o pesadillas que es mi cabecita se vuelven: los celos, el vacío, infidelidades potenciales, abandono o rechazos que puede que nunca se concreten más lejos que de mi cráneo.
¿Para qué usas tu imaginación? ¿Para películas de terror (o incluso series con temporadas y capítulos infinitos) o para construir proyectos de éxito e inspiración para emprender?
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Ya leí tu entrada varias veces… la verdad todas las veces llego al mismo final…
Me resulta bastante complicado no crear historias de terror todos los días aunque debo confesar que, últimamente lo hago menos. Pero recuerdo perfecto hace unos meses (no digamos hace algunos años) en los que siempre me llamaban “fatalista”.
Actualmente me doy cuenta que empleo más energía en crear historias patéticas con finales horribles que cuando me veo a mi misma en entornos saludables y plenos…
Pero debo confesar que hay días que no puedo evitar, con una pequeña gota de agua armar todo un tornado.
Es un proceso Soledad,no pasa nada. Primero nos damos cuenta de lo que hacemos y poco a poco nos vamos desprendiendo de esos protocolos.
La parte más difícil es reconocer qué hacemos y eso posibilita considerar otras formas de vivir aún cuando no estén claras en el momento en el que descubrimos cómo sufrimos de manera automática.