Las ventajas de la incomodidad

Un amigo hizo énfasis durante mucho tiempo en una frase que venía en un disco que ambos escuchamos, y decía algo así como:

 

“Un placer inmediato genera un dolor permanente, y un dolor inmediato puede generar un placer permanente”

La frase en cuestión se refería al ahorro en oposición al uso del crédito en diferentes versiones para adquirir cosas que no generarían más dinero en un futuro.

 

En general he tenido una vida cómoda, y no me agrada reconocerlo, pero cuando más he crecido ha sido cuando más incómodo me he sentido. La mayoría de las ocasiones es por causas externas que llegaron de forma inesperada, alguna que otra por decisión.

 

De esa incomodidad seleccionada, recuerdo un momento que me ayuda recordar cuando estoy confundido, vulnerable y me comparo con alguien que siento más talentoso, inteligente, próspero o fuerte que yo…

 

Hace más de 10 años me obsesioné con el ejercicio, aprendí a nadar algo grande, como a los 17 años, y de ahí le agarre mucho gusto al agua y empecé a entrenar para triatlón, durante dos años entrené solo, me lastimaba y no veía grandes progresos.

 

Cuando la entrenadora que me hacía mi programa, me dijo que se iba a vivir a Alemania, me recomendó que entrenara con su socia y un equipo, me daba miedo, y después de pensarlo mucho, le tomé la palabra.

 

Empecé a entrenar con ellos, mi bici era más pesada, y lo que había entrenado no equivalía a las condiciones en que ellos se preparaban. Fue un año muy doloroso. Corriendo o en bici, me sacaban vueltas con mucha facilidad y cada entrenamiento lo acababa casi vomitando; era la misma historia así entre 3 y 6 veces a la semana. El cuerpo me dolía cuando entrenaba y al día siguiente, pero en ese año nunca me lesioné, la entrenadora siempre nos cuidaba.

 

Durante un año, no me sentí más rápido, siempre era lo mismo: me rebasaban, me volvían a rebasar, me volvían a rebasar y yo sólo acababa con un tambor en mis sienes por mi corazón agitado y con dificultad para respirar. En lo único que veía diferencia, era que recorría más kilómetros de lo que había hecho solo.

 

Fue muy doloroso, no sé por qué seguí yendo, no faltaba a ningún entrenamiento. Así fue de enero a noviembre. En diciembre no hay eventos aquí en México, así que tocaba algo que se llama “descenso” periodo que consistía en no hacer nada de ejercicio, comer lo que quisieras y dormir cuanto pudieras…

 

Fue un mes delicioso…

 

Y fue mejor enero.

 

En enero, después que mi cuerpo había asimilado toda la madrina de los once meses previos a las vacaciones, podía correr y rodar tanto o más rápido que mis compañeros.

La más pixeleada y con derechos de autor, es la única foto que ahorita tengo almacenada XD
La más pixeleada y con derechos de autor, es la única foto que ahorita tengo almacenada XD

Yo no sabía que eso iba a pasar, pero cada vez que me encuentro en un situación o momento que me duelen o me frustran, pero que de algún modo me hacen crecer, recuerdo ese 2003, el año en que todo dolía, pero que también me preparaba para una realidad que no imaginaba.

 

Arturo Hernández Vera, especialista en dependencia emocional, infidelidad, celos y resolver ruptura de pareja

Psicólogos y terapia individual y terapia de pareja en el D.F., ahora CDMX.

artherver@yahoo.com.mx

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