Si hoy muriera

No se si alguna vez has sentido que alguien a quien quieres se te muere en los brazos.
Si no lo has vivido déjame contarte que es en ese momento cuando piensas en menos de un segundo: “Quiero pedirte perdón por…, quiero agradecerte por…, si vives, le prometo a Dios, te prometo a ti… que ahora sí voy a cambiar.”
La pérdida se siente hondo. Duele muchísimo, sobre todo cuando nada te avisó, ni te preparó para ese momento.
Y la gratitud de que esa persona sobreviva, también puede ser una experiencia muy intensa.
Alguna vez escuche que cualquier muerte de un ser querido es prematura, pero hay unas más prematuras que otras. Unas que no se esperan.
La muerte es una realidad inevitable, y nos hacemos de la vista gorda frente a nuestra contingencia y la de quienes nos rodean, porque no tenemos tiempo, porque hay mucho trabajo, porque no tenemos dinero, porque lo que le pueda decir ya lo sabe, porque tengo salud, por mil y un pretextos…
Así que piensa en esas personas tan significativas en tu vida y considera qué te gustaría decirles antes de que mueran. Qué sentimientos tuyos se merecen saber, qué caricias se están perdiendo, qué palabras dulces no están escuchando, qué disculpas estás postergando, qué perdones no te atreves a dar.
Déjame empezar.
Te pido que no pienses en la muerte de un ser querido. Piensa en TU MUERTE. También es algo que va a pasar, y por lo general no se le dedica tiempo a su planeación: ¿a qué edad?, ¿en qué condiciones?, ¿con qué cuerpo?, ¿la estás acelerando?, ¿la quieres dolorosa o tranquila?, ¿en soledad o en compañía?, ¿dejando prosperidad o preocupaciones?, ¿donarás tus órganos o te los reservarás?, ¿tienes un testamento?, ¿cuánta gente se daría cuenta de tu partida?, ¿cuántos llorarían? ¿cuántos, secretamente, la agradecerían?
Si hoy muriera, disfrutaría cada paso que diera, me atrevería a hacer sin vergüenza tantas cosas, sin miedo otras, me disculparía con quien he lastimado, y amaría a esa persona de forma extraordinaria. Cada bocado me sabría tan bien, cada aspiración sería tan satisfactoria, el contacto más sutil, sería el más profundo.
Lo interesante del asunto, es que uno no necesita darle un tono tan aparentemente trágico para sentir un momento límite.
Te pido antes de que termines de leer, que imagines lo que se sentiría andar por el mundo sin preocuparte por lo que hiciste y te daría pena que se enterarán, sin miedo a fracasar, sin resentimientos por heridas añejas, con una curiosidad sedienta de todo lo que te rodea y con la seguridad de que este día es el mejor que tienes porque todo lo que se tope contigo es una experiencia novedosa.
Imagínate si en lugar de preguntarte: ¿si hoy muriera?
Te preguntaras:
¿Si hoy naciera?
Arturo Hernández Vera, especialista en dependencia emocional, infidelidad, celos y resolver ruptura de pareja
Psicólogos y terapia individual y de pareja en el D.F.
artherver@yahoo.com.mx
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