A ver si te da risa…
“A ver si el día que yo te haga una escena así, te da risa.”
Así le dijo su novia.
¿Cuál era la escena?
Ella hace cara de fastidio, y empieza a subir el tono de voz, a hablar mas aceleradamente, rompe en una carcajada histérica y con su brazo izquierdo avienta platos y tazas que hay en la mesa de la cafetería en que se encuentran.
Toda la gente del lugar voltea mirarlos en medio de un silencio que hace más enfático el enojo de ella, mientras el no sabe si seguirla, si avergonzarse, si disculparse…
Creo que sin llegar a situaciones tan extremas, todos vivimos situaciones de dolor confusión, incertidumbre con gente cercana.
En momentos así surgen frases como:
“Perdona y olvida.”
“Déjala (o) ir, si vuelve es que es para ti.”
“Todo pasa por algo.”
Y suena muy bonito, pero, sabes que no funciona.
Creo que tienes derecho a:
Encabronarte.
Sentir celos.
Envidiar.
Llorar.
Rendirte.
Desequilibrarte.
Tomar decisiones estúpidas.
Sufrir.
Todos tenemos momentos de locura, de frustración, de impotencia…
Y hay algo interesante…
Estos momentos construyen, no son tan fatales como piensas cuando te suceden, sólo pasa que te bloqueas en ese instante porque duele demasiado. Es normal que duela, es normal que no seas optimista, ni quieras “echarle ganas.”
Esos momentos te enseñan cosas de ti, que las carcajadas no te enseñarán, ni el sentimiento de satisfacción, ni el placer, ni el logro.
Esos momentos hacen más dulce lo bonito de la vida.
Esos momentos de falta de cordura y sin sentido en que te preguntas: “¿por qué a mí?”, o te pendejeas, también construyen…
Construyen tu identidad, construyen tu carácter y creo que construyen relaciones más sólidas, a veces saludables, a veces no tanto, pero siempre más sólidas, aunque sientas que las perdiste con tus seres queridos…