| Tu dama de hierro
Genera claustrofobia y agonía… Era un instrumento de tortura de hace algunos siglos, por fuera tenía el rostro de mujer y una abultada carcasa hueca. Es muy probable que lo hayas visto alguna vez en vivo o en foto, se llama: “la doncella de hierro”.
Por donde quieras analizarlo resulta un artefacto grotesco si consideras la posibilidad de que te encierren ahí.
¡Imagínate! Sin poder ver, sin poderte mover y con afilados picos perforando tu carne sin tocar ninguna parte vital, lo que generaría un doloroso y prolongado tormento antes de morir.
Sin embargo, este sarcófago brinda algo: protección del exterior. Su cubierta es rígida y pulida de grueso metal o madera. Uno podrá preguntarse qué sentido tiene que te proteja algo que cerrado te está destruyendo. Es un absurdo: te protege una armadura que por dentro tiene puntas que te están sacrificando poco a poco en prolongado suplicio, en una obscuridad y una inmovilidad que incrementan la angustia y el dolor.
Lo absurdo también es que quizá todos los días estamos construyendo nuestra propia doncella de hierro, que en lugar de estar hecha de metal, se elabora con prejuicios, quejas, lamentos, críticas, rencores e impotencias.
Te darás cuenta de que estás en tu ataúd protector e hiriente, cada vez que tengas la necesidad o el deseo de hacer algo, pero al mismo tiempo sientas miedo de fracasar o de que te rechacen.
Esa DOLOROSA TENSIÓN entre el sentimiento de querer y la creencia de no poder son tu dama de hierro. Una tensión que te lastima si te quieres mover, no obstante tiene la ridícula ventaja de que lastimándote o diciéndote lo incapaz que eres o porque no te saldrá bien algo, te protege de POSIBLES (y no necesariamente reales) nuevas frustraciones.
Hay una característica que vale la pena considerar de la dama de hierro que todos llegamos a construirnos: con el paso del tiempo, se hace más rígida, y su mayor peligro, es que deja de doler, cuando aparece la resignación con la frase perentoria de: eso no es posible.
La buena noticia es que puedes desmembrar esa dama de hierro y que conforme uno comience a desarmarla, cada vez será más fácil liberarse de ella. La cuestión es que el primer paso es el que más cuesta, porque uno tiene que empujarse contra los picos que impiden abrir las puertas.
Cada vez que algo nuevo te duela y te genere incertidumbre o, por qué no, cada vez que descubras un nuevo placer o conocimiento, felicítate, estás destruyendo tu dama de hierro. |
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Arturo Hernández Vera especialista en dependencia emocional, infidelidad, celos y resolver ruptura de pareja
Psicólogos y terapia individual y de pareja en México D.F. y CDMX, Cólonia del Valle y Narvarte, Delegación Benito Juárez.
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