10. No necesitas huir de la ansiedad.
Hay algo peor que el dolor y la tristeza. Estas dos emociones son señal de que ya empezó un duelo, de que hay una pérdida clara que empieza a cicatrizar desde ese mismo momento.
Lo que es peor a la tristeza y al dolor es la ansiedad.
Ansiedad, angustia, sentimiento de vacío, opresión en el pecho, dificultad para respirar, sentir que me muero, ganas de salir corriendo, querer arañar las paredes y sentirse encerrado, pensar en que esta vez si es diferente y definitiva la ruptura por enésima vez…
Eso es un infierno.
Es la incertidumbre, ahí siento que algo terminó, pero no ha terminado o que está a punto de terminar.
Eso es ansiedad y viene por sentirse como paciente en terapia intensiva o como rehén de un secuestro en un proceso que tenemos terror de concluir, pero que tampoco disfrutamos al permanecer en él.
La ansiedad no es mala. En realidad es una inversión. Es evidente que en el momento en el que la siento sólo quiera que acabe. Pero si la interpreto como una “inversión” en el sentido de que al momento de terminar la relación no querré revivir este calvario, será más llevadera.
BUSCA CERTEZA:
A mis pacientes les recomiendo que se desahoguen y expresen…
A veces no hay problema con esta sugerencia, pero les pido un segundo elemento en esa descarga: empatía.
Creo que esa combinación incrementa las posibilidades de un sentimiento delicioso que defino como “sentirse escuchado”.
Si me descargo de forma visceral o lógica y la otra persona está a la defensiva, sólo me sentiré más frustrado. Si trato de anticipar como se sentiría la otra persona con lo que voy a decir y lo aplico, es mucho más probable sentirme escuchado. Si soy intenso o dramático, más vale reconocerlo que justificarlo y tratar de considerar esa manera de conectarme al momento de hablar con la persona que me interesa.
Si lo haces bien, lograrás conexión…
En mi caso viví un momento de mucha frustración e impotencia. Como especialista en comunicación humana, me resultaba muy doloroso no poderme comunicar con mi expareja. Había tratado todo el repertorio de acercamientos que se me ocurrían, desde los más primitivos hasta los más sofisticados. Berrinches, indiferencia, agresión, disculpa, ruego, empatía, ofrecer de manera explícita darle su espacio…
Ése fue el único código que consideró: ofrecerle su espacio aunque yo me estuviera muriendo de necesidad por estar cerca. Me tomó la palabra, aún cuando quise quedarme abrazado en la cama a ella. Cuando me insistió molesta en que no le daba el espacio que yo mismo había ofrecido, me di cuenta de que lo único que me quedaba por hacer era irme con toda mi opresión en el pecho.
Me fui, triste, sacado de onda, pero con la consciencia de no tener ningún “hubiera”.
Esto es importante: los “hubieras” generan culpa. Los “hubieras” se resuelven cuando te sientes más empoderado o seguro en una relación, no cuando te hallas más vulnerable. Lamentamos muchas veces el daño que hicimos o las oportunidades de conciliar que dejamos pasar, extrañamos también los límites que no establecimos. Si logras ese equilibrio entre darte a respetar la mayoría de las veces, con ser comprensivo en momentos en los que te gana la vanidad, te estás vacunando contra la culpa si la relación tiene un paréntesis o una ruptura definitiva. Por el contrario la fórmula garantizada para sentir remordimiento es pásate de listo en la relación y maltrata a la persona todo lo que puedas… El mundo da muchas vueltas y es probable que esa persona un día se canse y te llegue a ti una angustia que nunca habías sentido, pero que esa persona ya pagó con intereses durante mucho tiempo. Por esto mismo, si tú eres el eslabón más vulnerable de la pareja en este momento, trata de ser consciente y comienza a amarte, estás pagando por adelantado algo fuerte que tu pareja no asume.
Esa ansiedad, cuando termines tu relación será un elemento importantísimo en tu sanación.
Te va a preservar de repetir patrones si la vives con consciencia.
Yo recomiendo a mis pacientes, por experiencia propia, asumirla con consciencia para trascenderla.
Controlarla, o mejor dicho, intentar hacerlo, la incrementará. Si acaso controlas tu ansiedad, solo ganarás tiempo, para que después aparezca con mayor fuerza.
Por eso te sugiero rendirte a ella en lugar de luchar con ella.
Ríndete, honra, agradece la ansiedad.
En un momento de desesperación esta recomendación te va a frustrar, sin embargo en lo que parece absurdo esta la clave de lo que no has podido resolver.
“¿Cómo me rindo a la ansiedad?”
Es la pregunta que me hacen cuando doy mi propuesta. Yo conozco tres formas que a mí me funcionan:
1. Siéntela como una experiencia física.
2. Escríbela.
3. Ponte de rodillas.
Te las describiré con detalle:
1. Siéntela como una experiencia física:
Huimos de lo que no nos complace, es decir, tratamos de distraernos o anestesiar lo que nos duele. Empero, parte de hallar la paz presupone vivir la ansiedad y la desesperación. No es malo, no eres débil, no tienes porque fingir que eres fuerte o que no te afecta.
La ansiedad es fragmentarse en pedazos, es ir al futuro pensando que te quedarás sol@, que nunca te recuperarás , que no conocerás a nadie igual o mejor, que no volverás a sentirte igual de bien o mejor que con esa persona…
También la ansiedad puede mandarte al pasado (esto es más depresión) a añorar, a revivir de manera dolorosa experiencias que ya no son y que tú atesoras.
Vivir la ansiedad como experiencia física te vuelve PRESENTE. Te estructura, te integra.
Vivir la ansiedad como experiencia física es sentir cómo se manifiesta en tu cuerpo. Ya describí algunas características de mi experiencia personal ansiógena: opresión en el pecho, dificultad para respirar, estómago revuelto, mandíbula apretada, temblor en las manos…
Entre más vivo con claridad esas sensaciones que me desorganizan, más empiezo a regularme.
Vivir la ansiedad como experiencia física va a evitar que te malviajes, evitará que empiece una cadena de pensamientos que te hará sentir peor y que una vez que empiezan cobran una inercia vertiginosa muy difícil de frenar.
Vive tu ansiedad como una sensación física. Es el primer camino a la paz mental y emocional. La ansiedad no es mala. La ansiedad es una señal. La ansiedad no es mala. La ansiedad es una inversión hacia la libertad en una relación que te lastima; estás pagando tu impuesto de pérdida por adelantado.
2. Escríbela.
Escribir y hablar son descargas. La desventaja de hablar, es que la mayoría de la gente te juzgará y eso te hará sentir peor. También es probable que sientas la necesidad compulsiva de contar la misma historia y que canses a las personas que te escuchan. Puede que llegues a tragarte toda tu emoción porque sientes que te sientes peor cada vez que cuentas lo que te inquieta.
Eso no va a pasar si escribes.
Escribir te va a liberar y te mostrará tus avances cuando sientas que retrocediste o que te estancaste.
Escríbele a tu pareja o ex pareja NO LE ENVÍES LO QUE ESCRIBES, es para tu proceso personal de elaborar tu ansiedad, no para engancharte con esa persona nuevamente.
Escribe lo que sientes lo que piensas, sin estructura. No es un ejercicio de redacción. Nadie te va a calificar. Escribir, como sentir con consciencia te aterriza, te hace presente, te organiza.
Plasma tu caos en el papel.
Es mejor el papel que grabar o hacerlo en un medio digital, porque pone todos tus sentidos excepto el gusto enfocados y atentos en algo diferente a tu malestar.
Escribir es muy liberador en particular en las noches de insomnio cuando tu cabeza está llena de imágenes y fantasías. Cuando no puedas dormir, no te obligues a hacerlo. Saca de tus entrañas ese veneno. Déjalo fuera de ti, en una hoja de papel. Ahí se volverá inofensivo.
3. Ponte de rodillas.
Ésta es la estrategia menos psicoterapéutica de las tres que propongo. Cuando estudié psicoterapia psicoanalítica, la hubiera catalogado como pensamiento mágico.
Cuando más ansioso me sentí. Me puse de rodillas varias veces en la soledad del espacio donde me encontrará, mi cuarto, mi consultorio y…
Agradecí esa ansiedad.
Creo que hay algo más grande que yo. Es mi creencia personal y me ayuda. En momentos de ansiedad me pongo de rodillas y le agradezco a Dios (tú puedes llamarlo como gustes, la Fuente, el Universo, Poder Superior, son ejemplos) esa emoción tan desagradable… pero también le confieso que no puedo manejar eso yo solo.
No sé qué pasa. Pero es muy reconfortante hacerlo. Lloro, sollozo… y de pronto puedo respirar de nuevo y viene una experiencia de ligereza.
Esto es experiencia personal, aunque también lo he leído y percibido en mis pacientes.
En resumen, rendirse a tu angustia para trascenderla es: siéntela en tu cuerpo como venga, escríbela sin censura para ti y ponte de rodillas y agradécela.
La vas a trascender. No estás sol@. No eres tan original, no eres ni la primera, ni la única, ni la última persona que siente ese infierno. Otros la han, la hemos vivido, a lo mejor la volvemos a vivir, pero va a pasar. Todas las emociones tienen caducidad.
11. Encabrónate con consciencia
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Como puedo tener una cita con alguien me ayude a superar una ruptura y el apego emocional.
Hola Nubia, uno de nuestros psicólogos se comunicará contigo por correo electrónico para darte informes de terapia de resolución de ruptura de pareja y dependencia emocional. Estamos en la Colonia Narvarte, Delegación Benito Juárez.
Yo no estoy de acuerdo con lo aqui escrito, pienso sinceramente que hay muchos aspectos que no han podido ser considerados en cuenta. Pero valoro mucho vuestra opinion, es un buena web.
Saludos
Apreciamos tu retroalimentación, ¿podrías apoyarnos mencionado algunos aspectos que no consideramos para desarrollarlos posteriormente por favor?