¿Cómo rompo el límite?

¿Cómo rompo el umbral de pedir eso…
El trabajo que te interesa, salir con la persona que quieres, bajar los kilos que deseas, eliminar un hábito que te arrastra, hacer ese viaje que hace mucho tienes contemplado..?
El muro.
En una plática esta semana apareció el siguiente tópico: “El muro o la pared”
En maratones, además de otras distancias y competencias, hay un momento en el que los corredores pasan por un momento muy amargo:
parece que no hay energía, se siente una especie de electricidad circulando por los músculos, la respiración es dificultosa, llegan a sentirse nauseas, el cuerpo se inunda de un calor incómodo o de escalofríos incontrolables…
y eso ocurre a mitad de la competencia…
a veces en el kilometro 21, a veces en el 30, pero por lo regular falta bastante para terminar.
Entonces hay dos opciones:
1) o te detienes y descansas, lo que implica, que después de unos segundos o minutos de recuperarte sentirás frustración porque te das cuenta de que podías empujarte un poco más, o bien…
2) sufres un poco y persistes, para darte cuenta de que ocurre algo mágico…
LLEGA UN SEGUNDO AIRE, que te permite pasar ese umbral, y de repente todo se vuelve llevadero y controlable. Los malestares señalados desaparecen y puedes acabar la carrera sin lesiones, sin molestias, y con la satisfacción de darte cuenta de que el límite que creías tener no está a un metro, ni a dos metros, sino a kilómetros.
Así que la próxima vez que te encuentres con que alguien te rechaza, te critica, si pierdes dinero, si te enfermas, si crees que te levantaste con el pie izquierdo, o que el error que cometiste es demasiado grave…
EMPÚJATE UN POCO MÁS, SÓLO UN POCO, para darte cuenta de que detrás de esa frontera de frustración, coraje, tristeza o fatiga hay una sorpresa que te aguarda.
Arturo Hernández Vera, especialista en dependencia emocional, infidelidad, celos y resolver ruptura de pareja
Psicólogos y terapia individual y de pareja en el D.F.
artherver@yahoo.com.mx
0445530729624
| La Señora del Bastón
Te quiero contar de una señora que vi ayer. Era una señora entrada en años, pero se veía dinámica. Estaba pagando en la caja del súper mercado. Tomó su cambio, cargo su bolsa y se retiró. Después de unos pasos, gritó:
¡Mi bastón! ¡Se me olvida mi bastón!
Regresó CORRIENDO por un bastón que había dejado al lado de la caja. Lo tomó, se apoyó, SONRIÓ y se retiró mientras arrastraba con lentitud sus pies. Me dio risa, pero también me acordé que a veces soy como esa señora, a veces me gusta quejarme o complicarme la vida para recuperar un bastón que se me había olvidado.
|
Arturo Hernández Vera especialista en dependencia emocional, infidelidad, celos y resolver ruptura de pareja
Psicólogos y terapia individual y de pareja en México D.F. y CDMX, Cólonia del Valle y Narvarte, Delegación Benito Juárez.