Uno de mis mayores retos es reconocer con personas que son muy cercanas para mí que el enojo es una muleta que puedo usar cuando me siento vulnerable.

Tardé mucho en darme cuenta que es más fácil enojarme por reflejo que rendirme a sentir un miedo o dolor primitivo.
A veces, me genera molestia no lograr integrar la teoría con la práctica en tiempo real, y percibir mi bloqueo por cólera en mi cabeza, pero no en mi corazón que en realidad siento muy expuesto.
Hace varios años cuando le confesaba a mi psicólogo con mucha vergüenza que me desesperaba con mi mamá y el deterioro crónico de su cuerpo, él me dijo algo liberador que comparto en la actualidad con mis pacientes:
“No estás enojado con tu mamá; estás enojado con la enfermedad”.
Creo que además de mi enojo con la enfermedad, estaba llenándome de adrenalina para seguir funcionando cuando veía que alguien a quien quería tanto se marchitaba físicamente y de alguna manera me mostraba que yo también me dirijo a ese atardecer.
En este escenario me parece evidente encontrar en la ira un refugio intuitivo (aunque frágil), más que una búsqueda superficial de drama.
Otro lugar muy típico para encontrar el coraje muleta es como eslabón funadamental en la codependencia de pareja.
Más que el amor, el deseo, la costumbre, una de las mañas obscuras que puede atorarme en una relación de la que me quiero salir pero me presumo incapaz es la compulsión a tomarme constantes cucharadas de jarabe de decepción y agravio para abastecer mi motorcito de enojo frente al vacío o al dolor.
A corto plazo es muy práctico blindarme con una capa de coraje frente a la fragilidad, el riesgo que asume esta estrategia es la desorientación, miedo y dolor que terminarán por borbotear, muchas veces con el agregado de la culpa.
Cada vez que siento furia, preguntarme de forma paralela a mi emoción, qué tanto me estoy enojando por no sentirme asustado, me ayuda a discernir un coraje auténtico del enojo muleta que agarro como visera para medio eclipsar algún otro sentimiento.
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Qué tanto me enojo para no sentir… lo que sea?
Hace algunos años me di cuenta que el enojo que llegaba a sentir con mi esposo me hacía sombra a la culpa o a la depresión…
Me gustó tu entrada, Doc… muchas gracias!
Nos protegemos del miedo y sus derivados (dolor, culpa, ansiedad, tristeza…) sin darnos cuenta que amplificamos esas emociones cuando las barnizamos de enojo.
¡Gracias por comentar Soledad!