
…Y tus limitaciones quizá sean bendiciones.
Nuestras fortalezas son recursos evidentes que con el paso del tiempo se confirmaron por nosotros y por el entorno.
Eso también ocurre con nuestros “defectos”. Nos han generado frustración, tanto interna, como en retroalimentación concreta.
Sin embargo, llega a suceder que nuestras más valiosas características pueden tener un lado obscuro, un punto ciego que no nos permitirá movernos con fluidez a explorar nuevas experiencias.
Por otro lado, lo que más nos disgusta de nosotros, aquello que sentimos que sabotea nuestras mejores intenciones, puede que sea una herramienta que nos ha protegido o permitido crecer en áreas que damos por supuestas.
La culpa, la inseguridad, la vergüenza, la angustia son ejemplos de experiencias colectivas que subestimamos, y que no sólo amargan nuestras ejecuciones, si nos atrevemos a verlas, como nuestras “debilidades”, desde diversos ángulos, podremos hallarles forma de instrumentos que nos brindan, en primer lugar identidad, y, probablemente, hasta protección u oportunidades.
Más aún, es paradójico que mirar nuestras limitaciones desde un ángulo que las observe valiosas, es una estrategia que permite la integración y trascendencia de esas características con las que batallamos cada día.
No dejo de sorprenderme e insistir en que la vía rápida para resolver algo que duele es reinterprerarlo.
De ahí que considerar que nuestras habilidades y talentos tienen el riesgo de encapsularnos, mientras que reconcliarnos y mirar de frente lo que no nos gusta de nosotros, es una oportunidad para sentir alivio y libertad.
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