
Hace una semana leía que uno de los factores por los que se le paga más a una persona que cursó una carrera tiene que ver con el nivel de constancia y compromiso con un proyecto de años (sus esudios universitarios) que de alguna forma le dan evidencia al empleador que si contrata a un universitario graduado tendra a un trabajador comprometido que no lo dejará a mitad de un proyecto…
Sin embargo, más adelante leía en el mismo texto que tendemos a sobreestimar la constancia mientras nos refugiamos en el lema de “vencer o morir” en ámbitos que pueden resultar estériles o, incluso, contraproducentes.
Muchas veces tratamos de cambiar circunstancias dolorosas haciendo lo mismo, pensando que si somos constantes, terminarán por ceder.
Esto se aplica a un trabajo, malestar, relación experiencia…
No cambiamos por miedo a retroceder, a la soledad o a la opinión social.
No cambiamos porque nos duele perder nuestra inversión de tiempo, energía, dinero o expectativas.
Mientras tanto alimentamos nuestro resentimiento con esa experiencia que nos duele, pero no nos atrevemos a soltar.
Creo que varias veces nos quedamos con esa frustración conocida por la idea tan popular de que un “vencedor nunca deserta”.
Pero también creo que cuando uno agota sus recursos, e incluso, incorpora elementos que no sabía que tuviera, no es malo renunciar, puede doler, puede generar incertidumbre, pero también aparecerá un sentimiento de ligereza que hace mucho se perdió.
Para un ejemplo concreto que me gusta mucho de las ventajas de renunciar está el siguiente post:
Arturo Hernández Vera, especialista en dependencia emocional, infidelidad, celos y resolver ruptura de pareja
Psicólogos y terapia individual y terapia de pareja en México, Distrito Federal, D.F., ahora CDMX.
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Y renunciando puedes empezar de nuevo, por eso tenemos raciocinio, para saber cuándo renunciar y cuando no, el inicio es refrescante, volver a vivir y si no renunciamos morimos en vida, saludos.
La renuncia también supone una muerte, no obstante, esa etapa es parte de cualquier proceso, que puede suponer el nacimiento y bienvenida de algo más ligero.
PARA PODER RENUNCIAR NECESITAMOS, UNA GRAN CONFIANZA EN EL PROCESO DE LA VIDA, SABIENDO Y SINTIENDO QUE LA VIDA TE DEVOLVERÁ LO QUE ES BUENO PARA TI, EN SU TIEMPO Y FORMA; EN EL TRANSCURSO DE LA MANIESTACIÓN ESTÁ EL CRECIMIENTO INTERIOR.
Así es Rosalinda. Renunciar supone fe o confianza, entrega y resiganción.
Alguna vez mi hermana me compartió una frase que encontró y decía algo como:
“Si eres lo suficientemente fuerte para decir adiós, también dices al mismo tiempo ´hola´.”
Creo que diste en el blanco, la situación actual en el trabajo me arroja cierta incertidumbre, no alcanzo a comprender que ese trabajo no alimenta ni las espectativas de crecimiento ni las de desarrollo como persona, sin embargo la responsabilidad de una familia me hace no renunciar y continuar … “el horno no esta para bollos” es ahi donde se manifiesta la dependencia laboral que aminora mis espectativas de vida … ¿en dónde te refugias?
En este caso, solo puedo decir que en mos hijas … y continuar …
Edgar, cuando hay ausencia de sentido es cuando renunciar se considera una opción.
Si existe un sentido, como parecen ser, tus hijas, de ahí pueden comenzar a construirse muchas cosas y experiencias.
Me recuerda al proverbio de la el monje y la vaca, donde el miedo a perder lo poco que tenemos nos imposibilita a ir por mucho mas.
Sobre de todo cuando en nuestra cultura laboral se nos quiere vender que nos estan haciendo un favor por mantenernos contratados… cuandoa veces es al revez.
Así es Doctor Óscar.
Hay un libro llamado “The Dip”, que trata de cómo rendirse.