| ¿De qué te alimentas?
Eres lo que comes
¡Hola! No sé si hayas visto el programa de Gillian McKeith que se llama: You are what you eat, Tú eres lo que comes, en dicha serie se ilustran los estragos en la salud de un conjunto de hábitos de vida que derivan de comer y reducir la actividad física.
La manera en que la conductora entrena, limita, y programa a sus pupilos raya en lo sádico algunas veces; sin embargo, encuentra resultados sobresalientes al modificar las costumbres que los han llevado al deplorable estado físico con el que inician su programa.
Tomo como referencia esta transmisión, porque atravesamos una época en la que se enfatiza la preocupación por cómo la vida sedentaria y una mala alimentación afectan a la salud. México, ocupa el 1er. lugar en obesidad infantil y adulta, y esto conduce incrementar el escrúpulo por checar las calorías, el contenido de azúcar, cuánta grasa tiene y de qué tipo… Y en algunas ocasiones una necesidad de ejercicio físico que compense los excesos de comida y bebida que se cometieron.
De este modo, el cuidado del cuerpo a través de ejercitarse y alimentarse se ha vuelto una suerte de moda, que tiene mucho de loable. Y es relativamente fácil asumirla pues contamos con evidencias más claras que en otros rubros, como puede ser el peso en la báscula o la holgura o presión de la ropa sobre la piel, así como la facilidad o dificultad para movernos.
Es una lástima que no sea tan claro darnos cuenta de que así como somos lo que comemos, somos lo que escuchamos, vemos, sentimos y con quienes nos juntamos.
Es decir, no se nos educa para registrar el malestar o la comodidad en otros aspectos de nuestra vida y, damos por supuestas, normales y cotidianas, muchas malas influencias que declinan en sobrepeso mental, o diabetes emocional, o alta presión colérica o de-presión (no arterial sino anímica). Todo lo anterior deriva en embotamiento para moverse por la vida, o en ceguera de oportunidades, o en el descuido crónico de esos padecimientos, ya que la conexión de un infarto, un derrame cerebral, de piedras en los riñones, o de cáncer sigue siendo algo etérea, aunque real, con respecto al estado emocional que nos cargamos. Y la pregunta que se me ocurre después de este discurso Frambel, es: “¿cuándo fue el último check up de mi estado interno?”, “¿Cómo están mis triglicéridos, colesterol, azúcar, presión o ritmo cardiaco en mi estado anímico?” “¿Cuándo esa tristeza, o esa conformidad, o esa insatisfacción, se volvieron parte de mí, sin darme cuenta, porque son más sutiles que un dolor de muelas o un hormigueo en un brazo?”
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Arturo Hernández Vera especialista en dependencia emocional, infidelidad, celos y resolver ruptura de pareja
Psicólogos y terapia individual y de pareja en México D.F. y CDMX, Cólonia del Valle y Narvarte, Delegación Benito Juárez.
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