
La muerte es una constante que tendemos a negar.
Cada cierto tiempo me entero del fallecimiento de alguien cercano a la gente con quien trabajo, y la reacción de vacío al notar un espacio que antes ocupaba un nombre en la biografía de un paciente, duele.
Se siente más ese dolor cuando es la persona que me comparte su vida en sesión.
Aunque en teoría el terapeuta debe ser ascéptico, distante y neutro, en lo concreto aparece la humanidad y se establece conexión con las personas.
En 2017 murió un paciente, menor que yo. Estaba solo y se ahogó, cuando tuvo un ataque de epilepsia…
Me dejó consternado, llevaba un año trabajando con él. La noticia me la dio su secretaria.
Otra paciente falleció antes que él por cáncer, me compartió su proceso, y también dejó amargura su partida.
Ayer me llamó una amiga de Alondra, me dio la noticia, me abrumó.
Alondra era un año mayor que yo, empezó su proceso en 2012, después de un par de años lo dejó por motivos económicos y reanudó cuando empezaba la pandemia.
Este julio la atendí por última vez, me volvió a buscar el mes pasado para compartirme que estaba saturada de trabajo y que esperaba reanudar.
Como cualquier ser humano, ella tenía sus virtudes y limitaciones.
Me deja pensando que las ejecuciones que me han dejado remordimiento han sido más afortunadas de lo que siento cuando olvido mi caducidad.
Me deja pensando que estamos conectados y que es natural e inevitable involucrarse y sentir la pérdida de la gente con la que convivimos en distintos niveles.
Me deja pensando que todos dejamos y recibimos algo en nuestras múltiples convivencias, y que soy privilegiado al cultivar un nivel de conexión profundo con la gente con la que trabajo, aunque también tenga su lado tortuoso concluir un ciclo de manera inesperada.
Me deja pensando que así como me buscan para obtener un servicio, yo tambien recibo lecciones de las personas con las que trabajo.
Me deja pensando, en particular de lo que trabaje con ella, lo valioso de la gestión del enojo para establecer lazos profundos y límites asertivos.
Gracias por tu confianza Alondra.
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Muy congruente tu texto, gracias por compartirlo y un fuerte abrazo para ti
Gracias Jorge, te mando un abrazo también